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–“Cuando uso una palabra –dijo Humpty Dumpty–, quiere decir lo que quiero que diga, ni más ni menos. –Pero la pregunta es –insistió Alicia– si se puede hacer que las palabras puedan decir tantas cosas diferentes. –La pregunta es –dijo Humpty Dumpty–, saber quién manda… eso es todo”.

Lewis Carroll, “Alicia en el País de las Maravillas”, 1865.

 

¿Otro “diagnóstico”? ¿Otro más?

En nuestra América abundan los diagnósticos sobre nuestros males, económicos y de todo orden, y algunos son muy buenos. Muchos hay publicados en Internet, con la firma de especialistas capaces, responsables y acuciosos, docentes e investigadores de Universidades de prestigio, y avalados por entidades internacionales. Sus conclusiones traduce y resume la prensa a veces, pero no muy seguido.

Tienen datos, cifras, y muchas otras valiosas informaciones; aunque sus recomendaciones no siempre son buenas, porque a menudo no escapan a los paradigmas estatistas y socialistas, y por esa razón no las compartimos en el Centro de Liberalismo Clásico. No obstante, a los más serios hemos revisado y estudiado a fondo, y con atención, desde hace años.

Pero los problemas que describen, casi los mismos en todos nuestros países, no se resuelven. Entre otras razones, porque suelen tratar sobre los síntomas, y no sobre las enfermedades.

Una corta introducción

¿Te confunden palabras como “estatismo”, socialismo” y “liberalismo”? Es que nos han confundido el lenguaje, como ya notó el autor de “Alicia en el País de las Maravillas”, en 1865.

¿Te aburre la política? Lo que en nuestros países corre por “política” no es tal; es “politiquería”. A nosotros también nos aburre y nos tiene hartos. Política es la actividad y la ciencia que trata sobre Gobierno y formas de gobierno; “politiquería” son los chismes y anécdotas menores de trapisondas y cochinadas, que se hacen unos a otros los “politiqueros”, entre sí, en sus interminables pleitos para obtener o conservar el poder absoluto de que disfrutan. La politiquería es la mala política, bastarda, mezquina, circunstancial y anecdótica, corrupta, pasajera y cambiante.

Sobre la buena política deberías informarte, para distinguirla de la mala, que los politiqueros nos hacen a nosotros, los ciudadanos. Buena es la política liberal, la que hacemos los políticos liberales, para librar a nuestros países de los politiqueros estatistas.

¿Te parece largo este documento? No es largo; lo que pasa es que tu tiempo libre es corto, porque una de las maldades que nos hacen, es reducir nuestro nivel de vida, lo que nos obliga a trabajar más horas al día para subsistir. Y en la prensa nos atosigan con el circo politiquero, para que no veamos los problemas reales; cuando los vemos, notamos que son los mismos en todos nuestros países, aunque nos quieren hacer creer que “nuestro país es muy especial y diferente a los demás; sus problemas son muy distintos, por eso requieren soluciones muy distintas …” y sigue el bla bla bla.

Las causas de las enfermedades no deben confundirse con sus consecuencias y síntomas.

Síntomas son el crimen desatado e impune, la pobreza rampante, la corrupción, el narcotráfico, las instituciones ausentes o mal establecidas, las economías en crisis recurrentes y en crónica recesión, el desempleo, la educación por demás deficiente y adoctrinadora, la poca atención médica disponible, y las jubilaciones miserables.

Se han aplicado “remedios” ineficaces, algunos meros “cuidados paliativos”, y otros, en el peor de los casos, agravando la condición de los enfermos, que son nuestros países.

Hasta ahora no había un diagnóstico sobre las raíces de esos males, sus causas más profundas, de las cuales los apuntados son resultado y consecuencia, “síntomas” visibles, de trastornos más hondos, que faltaba describir y evaluar clínicamente, para poder señalar los remedios y tratamientos eficaces, y darles aplicación. Por eso, en el Centro de Liberalismo Clásico, hicimos el diagnóstico que faltaba.

Largas jornadas de paciente estudio y análisis, a cargo de nuestros equipos interdisciplinarios, en estos años del siglo XXI, nos han servido para presentarte el diagnóstico apropiado.

Describe las causas de nuestros desórdenes, una por una, presentes en todas nuestras naciones, indefectiblemente, aunque en algunos con más gravedad que en otras. Podríamos llamarles “las 12 plagas de América latina”. Las resumimos como sigue, a partir de la mayor de todas: estatismo.

(1) Sobredosis de Estado

En el Estado, los Gobiernos tienen sus funciones propias: seguridad, justicia, y obras públicas de infraestructura física. “Estatismo” es atribuirles funciones impropias en el agro, la industria, el trabajo, comercio e inversión, dinero y banca, el medio ambiente y la educación, la atención médica, jubilaciones y pensiones; hasta en la vida familiar e íntima de las personas. Por consiguiente, se les dota con más poderes de los necesarios, y se les confieren muchos más recursos de lo aconsejable, despojando a la gente y las entidades privadas de poderes y libertades, y privándoles de recursos financieros. Así Los Gobiernos descuidan sus funciones propias, y obstaculizan o impiden que las personas y agentes privados podamos cumplir las funciones privadas, que nos corresponden.

Desde la tradición del liberalismo clásico, numerosos “tanques de pensamiento” han apuntado acertadamente al corazón del mal, que es ideológico: el estatismo, que predomina, no sólo en sus variantes de izquierda, sino también en su “modo mercantilista”, con todos sus injustos privilegios para los “grupos de intereses especiales”, económicos y de todo género. Así el estatismo domina en los partidos, la prensa, las Universidades y las iglesias, y en el arte y la literatura, y en la cultura popular. Es producto de largos años consecutivos de malsano adoctrinamiento.

Lo peor: el estatismo predomina en nuestras mentes, como se ve en redes sociales y se oye en charlas cotidianas; y en las opiniones muy equivocadas que reflejan estudios serios con encuestas y sondeos; y en los resultados electorales, siempre favorables a los partidos estatistas, o sea casi todos.

El estatismo ha sido comparado muchas veces con un cáncer, que corroe el tejido, los órganos vitales y las fibras de nuestras sociedades. Y la comparación es acertada.

(2) Leyes malas

Pero los “tanques de pensamiento” no han apuntado bien a nuestras leyes, impregnadas de estatismo, en las cuales ese núcleo del mal se encarna y toma cuerpo tangible y palpable, generando incontables oficinas estatales y aparatos e instituciones burocráticas, impidiendo el crecimiento y desarrollo.

No han hecho aquello que nosotros hicimos: un completo “Catálogo de Leyes Malas” (y no pocos preceptos constitucionales), que abarcan las funciones propias del Estado, pero también muchas otras, en áreas de la economía, educación, salud y previsión social, que son privadas por naturaleza, y que por ello los individuos y entidades particulares podrían desempeñar mucho mejor, si contasen con las libertades y poderes que nos usurpan, y los recursos que nos quitan.

Estas reglas, decretos y normativas deben ser derogadas, en algunos casos totalmente, y en otras sólo en sus partes nocivas. Pero todas, y en modo simultáneo.

(3) Reformas parciales y aisladas, insuficientes

Gobiernos “neoliberales” han intentado ciertas “reformas de mercado”, en todos y cada uno de nuestros países, muchas veces con las mejores intenciones. Pero han sido parciales y aisladas, y por eso insuficientes. Han sido dirigidas a enmendar o quitar nada más que los abusos más groseros e insufribles del estatismo, no todos, con desregulaciones incompletas, y privatizaciones llenas de corrupción. Y sobre todo, a corregir los “desequilibrios macroeconómicos”. Pero nada más.

No atacaron las raíces del mal: no derogaron todas las leyes malas, por no contar con mayorías solventes en los Congresos, ni en los partidos y la opinión pública. Paralizados muchas veces por un “gradualismo” ineficaz, que en muchos casos es sólo un pretexto para no hacer reformas de fondo, fueron incapaces de hacer los cambios para generar suficiente riqueza, empleo y bienestar. Por ello carecieron del “piso político” necesario, que las reformas mayores requieren. Los proyectos fueron obstaculizados, y las reformas realizadas fueron pronto revertidas. Y seguimos igual, o peor.

Para colmo, estas experiencias fallidas han contribuido a desacreditar todo lo que pueda ser etiquetado como “liberal” o “Neo liberal”, que sea o parezca ser “reformas de libre mercado”.

(4) “Apartheid” criollo

Soportamos demasiadas “leyes especiales”; no hay un marco legal común para todos, por esto no somos “iguales ante la ley”. Y como en Sudáfrica cuando el “Apartheid”, la segregación es legal; la discriminación comenzaba por las leyes: había unas para blancos, y otras para negros, con el alegado fin de ayudarles en su desarrollo, pero “separadamente”. Aquí entre nosotros no hay segregación racial sino política; no entre blancos y negros, sino entre los de arriba y los de abajo.

Nuestras “leyes especiales” son de dos clases: unas de signo mercantilista, y otras tipo socialista; o sea “modelo mixto”. Las primeras son para “los de arriba”, y fijan nichos monopólicos para los pocos privilegiados, inaccesibles para el resto. Las segundas establecen los mal llamados “servicios públicos” en educación, salud y seguridad social; y son pésimos, pero son solamente para “los de abajo”, porque las oligarquías pudientes tienen sus enclaves privados, de uso exclusivo.

Pero en Sudáfrica, había algunos negros ricos, con mucho esfuerzo, en la “economía informal”; y también blancos pobres. Aquí, en estos países “de dos pisos”, en el de abajo también hay empresarios informales, algunos ricos; y en el de arriba también hay ciertos pobres, “conectados” políticamente, con caudillos de base, y pueden así conseguir favores como citas prontas o camas en los hospitales “públicos”, cupos y becas en la educación estatal, y mejores jubilaciones. Aquí la línea divisoria no pasa por el color de la piel, sino por tener o no las “conexiones” apropiadas y oportunas.

(5) Democracia patológica

Un filósofo brasileño, el Prof. Olavo de Carvalho, distingue acertadamente entre democracias normales y patológicas. En las primeras, Ud. puede elegir entre partidos de izquierda, de derecha o de “centro”, éstos a medio camino entre unos y otros. El arco político está más o menos completo.

Aquí no; en nuestra América Ud. puede elegir entre partidos de izquierda o de izquierda, más dura o más blanda, o mercantilista, con las ideas iguales o muy parecidas. Las diferencias son sólo de tenues matices, casi imposibles de distinguir; y esta es una de las razones que explican la elevada abstención electoral. Así se cierra toda posibilidad para desafiar el “status quo”, y hacer cambios profundos.

De los 150 partidos latinoamericanos de mayor poder e influencia en sus países respectivos, más de 100 adscriben al “Foro de Sao Paulo”, los de la izquierda más dura; y más de 20 pertenecen al Comité Latinoamericano de la “Internacional Socialista”, los la izquierda más “suave”. El resto, unos 30, son los de la “derecha mala”, que no se atreven a hacer las reformas de fondo.

Pero, ¿cuáles son esas ideas iguales o muy parecidas? Las del marxismo clásico, combinadas con mercantilismo (el “capitalismo de amigotes”); y las del marxismo cultural.

(6) Marxismo completo

“Clásico” es el marxismo del “Manifiesto Comunista” de 1848; en especial los 10 puntos del “Programa Mínimo”, en su Capítulo II; está en Internet. Disponen la colectivización y estatización socialista en el campo, la industria, la banca, el trabajo y el comercio, el transporte y la educación.

Si Ud. las revisa cuidadosamente, una por una, todas las medidas han sido aplicadas en América Latina por casi todos los gobiernos, de todos los partidos, incluso militares, desde hace más de un siglo. Las pocas excepciones son para las leyes e instituciones mercantilistas. Son las políticas que se han visto y se ven como buenas, y normales y corrientes, inscritas en textos legales y sentencias de tribunales, y en decretos y cláusulas constitucionales. Son causantes de la mayor parte de nuestros males.

“Cultural” es el virulento ataque contra la vida, el matrimonio y la familia, procedente de los grupos feministas radicales y LGBTI. Por su lado los “verdes” atacan la industria, con renovados bríos. Los “multiculturalistas” embisten contra la globalización. Y los “Posmodernistas” la emprenden contra la verdad, la lógica, la razón, el lenguaje y el buen sentido. Todo esto es marxismo cultural, activado en el siglo XXI, para imponernos lo que irónicamente se conoce como “corrección política”. Sirve para debilitar o terminar de liquidar el capitalismo liberal, en sus bases y fundamentos; y además, para instalar debates que sirven como cortina de humo para evitar una seria discusión sobre las causas verdaderas de los problemas reales, lo que llevaría a un cuestionamiento del marxismo clásico.

El marxismo cultural ya estaba en las obras juveniles de Marx, y en las de Engels, aunque en forma incipiente. No ha renunciado al marxismo clásico, porque no es una ruptura con el mismo, sino una continuidad, ampliada, extendiendo a varios otros campos la lucha “dialéctica” contra la cultura y la civilización, que en el pasado siglo XX, hasta hace poco, reservaban para la economía y la educación.

(7) Derecha mala

El cáncer del marxismo ha hecho metástasis, y sus ideas impregnan a gentes, sectores y partidos que se supone son “de derecha”, o calificados como tales; y algunos lo son, pero en grado muy disminuido.

Por un lado los amigos del libre mercado, que resisten al marxismo clásico, pero adhieren al marxismo cultural; y por otro lado, los conservadores, que apoyan la vida, el matrimonio y la familia, y resisten la agenda LGBTI, pero suscriben las “verdes”, mercantilistas y Postmodernistas.

(8) Mayorías impotentes

Las luchas culturales, como las religiosas e ideológicas, no son en principio materia propia de los Gobiernos, limitados en funciones, a menos que se atente contra los derechos fundamentales a la vida, propiedad y libertad. Son para los actores, grupos e instituciones privadas. Pero en los países de esta región, como en el mundo, las grandes “mayorías silenciosas” asisten impotentes ante los golpes del marxismo cultural, dirigidos por minorías ruidosas y activistas que controlan los Gobiernos, la prensa, la docencia, los gremios del arte y el espectáculo, y hasta no pocas Iglesias “cristianas”.

Sin embargo las mayorías no pueden hacer nada. ¿Por qué? Por carecer de tiempo y recursos. Pero, ¿y a qué se debe esta falta? A los empobrecedores resultados de las recetas del marxismo clásico: por los impuestos excesivos, y las regulaciones arbitrarias que nos impiden hacer negocios, los apremios económicos nos obligan a largas y agotadoras jornadas de trabajo, para un nivel de vida muy exiguo.

Y encima de eso, las explicaciones veraces no son atendidas ni escuchadas, por la ignorancia generalizada, salida de los “contenidos educativos” socialistas, redactados por maestros y profesores de izquierda, que periodistas de esa misma orientación nos repiten de modo constante, a diario.

Las mayorías han sido “desempoderadas”. Pero tenemos la solución: “devolverles” el poder, mediante “La Gran Devolución”, a través de “Cinco Reformas”, a nivel de políticas públicas. Para que a nivel de “políticas privadas”, los particulares tengamos los recursos y el tiempo para emprender y concretar “Reformas Particulares”, cada quien sabrá cuáles, en nuestras propias familias, escuelas, empresas y empleos, vecindarios, Iglesias y asociaciones voluntarias, que queremos hacer pero hoy no podemos.

(9) Ataduras internacionales

La ONU, Organización de las Naciones Unidas, dispone de más de 100 Agencias y estructuras burocráticas como la FAO, ONUDI, OIT, UNESCO, FMI y Banco Mundial, PNUD, FIDA, OMS; muchas de ellas están controladas de hecho por ONGs y grupos dirigidos por partidos políticos de peso. En sus oficinas se hacen los “consensos” que determinan Acuerdos, Tratados y Protocolos que luego en cada país se convierten en Leyes Malas. Por eso los países tenemos los mismos problemas: porque soportamos las mismas leyes dañinas, lesivas a nuestra prosperidad y bienestar.

A veces, Gobiernos responsables de países serios, soberanos de verdad, no firman muchos convenios, o los firman con “reservas”. Incluso algunas naciones, desarrolladas y emergentes, rehúsan integrarse a estos organismos, y obligarse de esta manera; en América Latina no es así. Por eso nuestros países han perdido soberanía, desde hace tiempo. Su “devolución” también es necesaria, e imprescindible condición para lograr las Cinco Reformas.

(10) Histeria anticorrupción

El principio cardinal del Liberalismo Clásico es la separación de lo público y lo privado. El estatismo lo vulnera de muchas formas, permitiendo nexos turbios y asociaciones espurias entre sectores políticos y esferas privadas, tanto en las funciones públicas genuinas, que son la seguridad, la justicia, y obras de infraestructura, como en las áreas privadas invadidas de la economía y finanzas, educación, salud y previsión social. Por eso la corrupción prolifera; desde antaño. No es un problema: es un resultado y consecuencia o síntoma de nuestro mayor problema, que es el estatismo desbordado. Acabar con el estatismo es la única forma de reducir significativamente la corrupción; no hay otra.

Empero, la “histeria anticorrupción” llega al paroxismo de la furia. Ahora se le mete a la gente en la cabeza que “los corruptos” tienen que “devolver lo robado” para que “ese dinero se invierta en salud y educación”. Así se cree que tendremos hospitales y escuelas “públicas” maravillosos, inmejorables.

Hoy día, los manipuladores profesionales pueden pagar equipos muy bien entrenados de activistas que en instantes son capaces de instalar en las redes sociales sus gritos de guerra como “¡que devuelvan lo robado!” Y de inmediato, una enorme masa de gente se engancha y comienza a repetir, a reproducir y a reenviar los mensajes, como en una manada, para enfocar la opinión pública en seudo problemas, y en seudo soluciones. Cada cierto tiempo cambian las consignas, introduciendo “novedades”; y así logran su objetivo: tenernos permanentemente distraídos.

Los sectores interesados no están dispuestos a tomar este camino, y siembran en la gente la ilusión de que la “lucha anticorrupción” es posible en el contexto estatista. Crean de esta forma la “histeria anticorrupción”, que sirve como cortina de humo para ocultar la cruda pero simple verdad, la de las cosas como son en realidad. Para colmo, sirve también para alimentar visiones muy populares, que impiden encaminarnos a la salida del laberinto en que nos encerraron.

(11) Visión pueril de la política, los partidos y la democracia

La salida es con democracia; y la democracia es con partidos, y con acción política, en Parlamentos y Gobiernos. No es con “marchas en las calles”, ni es sólo con Facebook y Twitter, por más que estas herramientas nos sirven a nosotros, y de mucho, para difundir nuestro Proyecto 5 R.

Pero mucha gente no distingue entre política y politiquería, y embiste furiosa contra “la política y los políticos” en general. Y no nos deja espacio a los políticos honestos y veraces, los liberales clásicos. Y contra “los partidos” en bloque, y “las ideologías” como tales. No pueden discernir lo malo de lo bueno. Ya en el colmo de su ceguera infantil, muchos también arrojan sus dardos contra la democracia, que es la única senda por la cual podríamos pasar a una transición, para un cambio de sistema.

(12) Representación ausente

Por último, para concluir este diagnóstico, hay un problema que es como marco y telón de fondo para muchos de los demás. En parte es consecuencia de los dos anteriores: la democracia es un régimen de Gobierno “representativo”, y las grandes mayorías populares carecen hoy de representación genuina y ajustada a la defensa de sus legítimos intereses. Son mayorías “silenciosas” porque no tienen voz, ya que no hay quien asuma su “representación” política, y hable por ellas, alto y claro.

Casi todos los partidos, candidatos, gabinetes y asambleas parlamentarias, sólo se representan a sí mismos, y en todo caso, a innobles, mezquinos e ilegítimos intereses.

Cinco factores agravantes

Hay muchos elementos o factores que impiden ver las plagas, y los remedios verdaderos, agravando así los males y sufrimientos. Mencionemos sólo algunos:

(1) Seudoproblemas, como “¡los extranjeros nos quitan los empleos!” Desde hace años y años, millones de “familias rotas” en América Latina subsisten con las remesas de sus miembros en el exterior, caso EE.UU. Pero allá hay ahora muchas trabas, y nuestras emigraciones, que aumentan, en tanto vamos de mal en peor, se “redirigen” ahora desde unos países de la región, por ej. Venezuela, a otros, por ej. Colombia, Perú o Chile. Hay ahora más separaciones, divorcios y quiebras de familias.

Venezuela está en gran catástrofe. Otros países no están todavía así (aunque ese futuro no es descartable); pero los venezolanos y latinoamericanos siempre van hacia “el mal menor”, y a esos países se marchan, para encontrarse con oportunidades que también son escasas, y para colmo, surgen brotes de xenofobia en quienes se sienten “invadidos” por extranjeros que “¡nos quitan los empleos!”

En el Movimiento Cinco Reformas vemos el cambio de sistema como la verdadera solución a los problemas reales, que posibilitaría recibir bendiciones adicionales como la “Operación Retorno”, como llamamos al regreso de los migrantes y la consiguiente reunificación de las familias rotas.

(2) La nomenclatura cambiada. Todas las etiquetas políticas, como “liberalismo”, “progresismo”, “populismo”, han sido cambiadas; y así reina tremenda confusión. Las personas no entienden, y no dan en el blanco. Muchos confundidos creen que saben, y propalan que “izquierda y derecha son conceptos obsoletos”, o que “¡Esto no es socialismo!”, y otros errores y confusiones parecidas, inadvertidamente, sembrando más caos y desorden conceptual.

Imagine Ud. que alguien, por las noches, sea por chiste o por maldad, cambie los letreros de las calles de la ciudad donde Ud. reside. Al día siguiente, los más antiguos residentes lo advertirán; pero no los más nuevos, que tendrán dificultades. Y los turistas y recién llegados no podrán advertirlos. Así es en la política: los más experimentados no vamos a desorientarnos; pero sí los demás, sobre todo quienes tienen poco tiempo residiendo, o están de paso. Esto es lo que sucede con los “neófitos” en política.

Antes, hasta hace algunas décadas, en tiempos más tranquilos, la política solía ser una actividad reservada a los profesionales del ramo. Pero lo han hecho demasiado mal, y la gente a llegado a estados muy intensos de angustia y desesperación; personas que en épocas “normales” jamás se asomarían a la política, ahora lo hacen, de repente. Incursionan un terreno en que son “neófitos”, ignorantes, y para colmo, muy nerviosos e “indignados”. Como ovejas, fácil presa de los lobos.

(3) La prensa no ayuda. Tenemos dos canales continentales de televisión, que marcan mucha pauta a los demás medios. CNN repite los puntos de vista y las Agendas de la IS y su Comité Latinoamericano, y la derecha mala. Telesur hace lo propio con los lineamientos del Foro de Sao Paulo.

(4) Para colmo, no hay tiempo para desaprender y aprender. La estrechez económica nos obliga a todos a gastar ingentes cantidades de tiempo, energía y recursos vitales en apenas sobrevivir.

En el Capítulo 5 del libro del “Éxodo” (o sea: la salida), hay una de las más ilustrativas lecciones políticas de la Biblia. Cuando Moisés sembraba en el pueblo hebreo la idea de poner fin a la esclavitud de hacer ladrillos en Egipto, el Faraón ordenó a sus capataces ya no darles más la paja necesaria para su fabricación, sino mandar que los esclavos mismos la buscaran. Para que así tuvieran más trabajo, y se olvidaran de pensar en la liberación.

Así nos tienen a nosotros: atosigados de trabajo. Y para el escaso tiempo libre: fútbol. Y además del fútbol, el alcohol o las drogas también sirven para aturdir a algunos.

(5) Politiqueria y cortinas de humo. ¿Vio las “noticias” de hoy en la prensa, TV y radio? En su mayor parte son puras cortinas de humo para tapar los temas relevantes. No por nada destacan siempre los aspectos más sensibleros. ¿Vio las “opiniones” en las redes sociales? Más que nada, se trata de gente reforzando las cortinas, con más cantidades de humo, aunque en su mayor parte no se dan cuenta.

 

Hasta aquí las 12 plagas de nuestra América, y algunos agravantes. ¿Qué nos falta? Un inventario de los agentes transmisores de los males. Está en al Anexo, con una descripción de las deficiencias en nuestro sistema inmunológico; y que han posibilitado, en última instancia, su propagación.

Nuestro remedio completo se resumen en otro documento complementario: el COMPENDIO DE LAS CINCO REFORMAS. Es un proyecto para la gente corriente y normal; aspiramos a representarla con verdad y justicia, y eficazmente, para cambiar el sistema que nos oprime.

¿Se puede resumir en pocas palabras? Claro que sí: (1) devolver o reponer las libertades de trabajo, de comercio y de negocios, así como de enseñar y aprender, removiendo todos los muchos obstáculos estatistas en economía y educación, en atención médica y en seguridad social, que nos han impuesto el marxismo clásico y las derechas malas, privatizando y desregulando sector por sector, incluyendo los partidos políticos, que hoy son brazos del Estado. Para empoderarnos así a la gente, con libertades y recursos (2) a fin de que podamos defendernos por nosotros mismos, y librarnos de los mazazos del marxismo cultural.

De allí su concepto: el “fusionismo” de liberales clásicos y conservadores, principio activo del remedio que impulsamos para el cáncer estatista. Suele ser atribuido a Frank S. Meyer, un teórico y estratega político muy lúcido, de los años ’50 en EE.UU. Pero como tantas otras ideas liberales, son hispanos sus antecedentes: fue enunciado y practicado por un preclaro político español, Práxedes Mateo Sagasta, en los días de la “Restauración”, todavía en el siglo XIX. Pero esa es otra historia.

Hasta aquí, este es el diagnóstico que faltaba. Por fin, digamos que también faltaba, más allá de soluciones aisladas y fragmentarias, un plan completo, integral, para cambiar el sistema estatista entero, en cada uno de nuestros países. Lo tenemos.

Eso es “La Gran Devolución”, único en su género, porque no hay otro. No existe algo igual, ni parecido, modestia aparte. Gastamos varios años en buscar, revisar y comparar libros, monografías académicas, ensayos, publicaciones periódicas, y buenas encuestas y estadísticas. Sus fundamentos, propuestas y bases combinan las conclusiones de lo mejor de las ciencias económicas, jurídicas, sociales y políticas, con lo más provechoso de las lecciones de la historia, Psicología, Filosofía y Teología.

A tu servicio, y al de tus hijos y nietos, para salir del estancamiento. ¡Para tener un futuro!

Ahora, te invitamos a pasar al Anexo. Y después, al COMPENDIO DE LAS CINCO REFORMAS.

 

Anexo

(I) AGENTES TRANSMISORES

¿Quiénes son? Una lista, no exhaustiva, de los 7 principales agentes transmisores de las 12 plagas, clasificados por sus roles funcionales, comprende al menos:

(1) Ideólogos y estrategas, como Lenin y Trotski en Rusia, Gramsci, Lukács, los autores de la Escuela de Frankfurt, etc; de antes y de ahora, para el marxismo clásico y el marxismo cultural. En América Latina también los tuvimos y tenemos; no vale la pena nombrarlos. Son inteligentes para el mal.

(2) Políticos, y politiqueros sobre todo, como los actuales Presidentes, del Foro de Sao Paulo, del Comité Latinoamericano de la Internacional Socialista, y de la derecha mala. Y cientos de miles de legisladores, gobernadores y alcaldes, etc. Responden a los mismos lineamientos, trazados por los ideólogos y estrategas, algunos sin saberlo, por inercia, porque es la “corriente principal”, y no conocen otra. No son inteligentes; pero son astutos, hábiles y sin escrúpulos.

(3) Burócratas, tecnócratas y “expertos” enquistados en organismos públicos e internacionales. “Especialistas” consultados siempre en sus respectivas “áreas de experticia”, tal o cual. Sirven para distraer a la opinión pública con puntos irrelevantes y lenguaje pomposo. Son los tenaces defensores del status quo, y opuestos a toda reforma importante. Sus ingresos, posiciones, ascensos, ventajas y privilegios, es lo que realmente les importa.

Cada tanto, presentan un proyecto de “reformita” insignificante, sin cuestionar el sistema, tipo cosmético o “paño tibio”, en aspectos secundarios, periféricos o epidérmicos, que sin embargo se publicita como si fuera de gran trascendencia, y generando gran “debate”. Y los politiqueros, con resonante fanfarria de bombos y platillos, la introducen en el Gabinete o el Congreso, y sale como decreto o ley. ¡Ya está! Pero los “consultores” bloquean y sabotean sistemáticamente reformas de fondo, si aparecen; y si se concretan buscan revertirlas, con argumentos supuestamente “técnicos”, cifras, datos, “estudios” y otros pretextos.

(4) Repetidores y aduladores; hacen coro y brindan tronantes aplausos a todos los anteriores. Son periodistas, articulistas y comentaristas, docentes y profesores en todos los niveles de enseñanza. Son jueces y camaristas de tribunales, Presidentes de Cámaras empresarias y Colegios Profesionales. Son fundadores y cuadros fijos de las “ONGs”, eso que en sus días Lenin llamaba “organizaciones de fachada”. Y todas las celebridades e “influencers” de hoy. Son ignorantes, y necios encumbrados, pero los más hábiles juegan como “expertos”, y algunos toman roles de ideólogos y estrategas.

(5) Activistas y agitadores de base y nivel medio. Antes en el “terrorismo armado”, fueron vulgares pistoleros que ascendieron a capos guerrilleros tipo Che Guevara. Ahora en el “terrorismo ideológico y político”: son los “operadores”: sindicalistas, capos de “grupos, organizaciones y movimientos sociales, vecinales y de barrio”. Arrastran a las masas a votar, y a las marchas en calles y actos proselitistas. Son más ignorantes y más necios que los repetidores y aduladores, aunque los más atrevidos a veces ascienden a roles de politiqueros.

(6) Empresarios mercantilistas, cobardes o “tontos útiles” (otra expresión de Lenin) que apoyan directa o indirectamente a la izquierda con su dinero, o con sus medios de prensa, los institutos y “fundaciones” que crean y financian, etc.

(7) Jefes religiosos, pastores, sacerdotes y Obispos que siempre han entregado sus rebaños a los lobos en América Latina, parte del mundo donde la religión cristiana tiene papel muy destacado.

¿Son esos nuestros “enemigos”? ¿No es mejor llamarles adversarios o contrincantes? La palabra es lo de menos, en todo caso son enemigos políticos, no personales.

Y definitivamente no son enemigos los millones de personas que siguen estas ideas por mero desconocimiento, desinformación e inadvertencia. No son nuestros enemigos, son los “damnificados” del estatismo, y el público-destino de nuestra convocatoria a apoyar el Proyecto 5 R.

(II) DEFICIENCIAS INMUNOLÓGICAS

Los agentes transmisores jamás hubiesen podido lograr sus objetivos, de no mediar el problema más crítico de todos: deficiencias en el sistema inmunitario. No hubo defensas; o fueron insuficientes.

El socialismo es un mamarracho en teoría, y un infierno en la práctica. ¿Por qué entonces se sostiene? No por sus fortalezas, sino por nuestras debilidades. Los liberales debimos ser capaces de liderar el entero campo de la derecha, incluyendo a sectores conservadores y nacionalistas moderados (pero no mercantilistas); y así contener la avalancha de las izquierdas. Desde el comienzo este fue el enfoque autocrítico y no autocomplaciente que tuvimos en el Centro de Liberalismo Clásico.

Si repasamos una a una las 7 categorías anteriores, descubrimos que de nuestro lado nos faltaron los “equivalentes funcionales” de signo opuesto, que permitieran contrarrestarlas. No tuvimos hasta hoy, nos faltaron. O tuvimos, pero no suficientes, o no con las calidades requeridas, y/o con los recursos decisivos para ganar influencia, autoridad, poder de decisión, prestigio y peso específico:

(1) Teóricos para formular un Proyecto gubernativo y un Plan político consiguiente, bien estructurados y articulados. Nuestros “tanques de pensamiento” creen que todo es economía, y a la política rechazan o dejan de lado, así como otras materias auxiliares. Casi todos se llenan de “libertarios” anarquistas o anticristianos, enemigos de los “conservadores”; y si no, de “neo” liberales a mitad de camino entre la socialdemocracia y las reformas tibias del “Consenso de Washington”. En consecuencia, nos faltaron:

(2) Políticos decentes, veraces y decididos, bien equipados y armados, para comprometerse con ese Plan y ese Proyecto. Es resultado de aquella carencia: si no hay una cosa, no hay la otra.

(3) Especialistas tenemos, profesionales y técnicos, cada cual en su área, muy competentes, pero con propuestas aisladas, sin un marco general, político y estratégico. Sin proyecto ni plan, no hay “causa” para llegar al público; ni “relato” para cautivarle. Faltó comunicación.

(4) Divulgadores y propagandistas tenemos; pero sin un “mensaje” positivo, una amplia propuesta de cambio, completa. Se han quedado en la pura crítica, cuando no en la pura queja; eso no cae bien a la gente, que los ve como siempre “negativos”, opuestos y contrarios a toda iniciativa del adversario, que siempre toma la delantera en planes y acciones para ejecutarlos.

(5) Operadores y activistas no tenemos; nos ha faltado formación y entrenamiento en gimnasia política, en la cual nuestros enemigos son expertos, y están muy “sobrados”. Explotan la ventaja de llevarnos la delantera, con gran habilidad práctica.

(6) ¿Empresarios dispuestos a la defensa del capitalismo de libre mercado? ¿Y a no buscar prebendas y privilegios momentáneos? Muy pocos, contados, en cada país.

(7) ¿Pastores y líderes religiosos, prontos a transformar sus Iglesias en “columnas y baluartes de la verdad” (I Timoteo 3:15)? ¿Entendidos en las guerras ideológicas y culturales contra el Reino de Dios, que dicen defender? Muy pocos, contados, en cada país.

Este tipo de líderes estamos formando.

Se nos pregunta siempre: ¿es el Proyecto 5 R demasiado ambicioso? ¿Utópico? El anhelo de cambiar el sistema es ambicioso; pero es el único remedio. Y no es irrealizable. Lo utópico es creer que habrá remedio si seguimos con hasta ahora: sin un proyecto de cambio integral. Los adversarios lo tienen, desde antiguo, y lo ponen en práctica, todos los días. Y algo así no se puede combatir con nada. “You can’t beat something with nothing”.