'Hágase tu voluntad'

Pisando callos
Miércoles,  24  de Diciembre, 2014

Es curioso pero hoy en día hay un punto de pleno acuerdo entre los ateos más radicales, y los cristianos más piadosos. Es este: “Política y religión no se mezclan”. Y casi todo el mundo piensa así.

¿Cómo que “no se mezclan”? Los Cinco Primeros libros de la Biblia son “La Ley” (Torah en hebreo) porque contienen todo un Digesto legal muy completo; y el diseño o modelo de un sistema de Gobierno limitado: se llama “de los Jueces”, porque los gobernantes son funcionarios cuyo rol principal es dictaminar sobre casos particulares, aplicando esas leyes generales, iguales para todos.

A temas de Gobierno y política se refieren directa o indirectamente unos 80 textos en la Biblia, unos 60 en el Antiguo Testamento, y unos 20 en el Nuevo, de distinta extensión. Bien interpretados como un todo, y de modo armónico y sistemático, han sido la base de la doctrina del Gobierno Limitado por la ley, en 19 siglos de Occidente cristiano: hasta 1850 aproximadamente. Después las cosas cambiaron, y estatismo y socialismo se fueron imponiendo en todo el mundo, incluso en Israel, la tierra del Antiguo Testamento, al paso que judíos y cristianos se hacían de izquierdas. Para lo cual cambiaron por completo la interpretación literal y correcta de todos esos textos bíblicos, torciendo su sentido.

El Digesto se compone de 613 normas, tanto reglas positivas (248), como prohibiciones o normas negativas (365). Los antiguos hebreos decían que 248 eran las partes del cuerpo y 365 los días del año, para recordarnos que la Torah es completa: para todo aspecto de la vida diaria, tanto individual como familiar y política, tanto religiosa como civil: para todo tiempo y lugar. Todas estas leyes reflejan el carácter moral de Dios y su perfecta justicia, pero las hay de tres tipos: (1) eclesiásticas o de culto, relativas a temas religiosos; (2) jurídicas o legales, con sanciones para ser aplicadas por los jueces; (3) morales nada más, sin sanciones judiciales.

El quinto libro de la Torah, “Deuteronomio” o segunda ley, es un compendio o resumen. En el Cap. 1 se dispone el nombramiento de cuatro niveles de funcionarios para aplicar sanciones judiciales, conforme a Éxodo 18; y el Cap. 4 dice que por la sabiduría y justicia de todos estos “estatutos” es que la gente va a tener conocimiento de Dios. Y en efecto son normas muy justas y sabias: Deuteronomio 17:14-20 dispone que si hay un Rey, no debe acumular demasiado riqueza ni poder, para no enaltecerse; y debe escribir una copia de la Ley y tenerla siempre delante, para recordar su función. Y que los levitas (o sea sacerdotes) deben guardar y cuidar el texto original, a fin de amonestar al rey que se olvide de estos preceptos y se extralimite. Es decir: que la Iglesia debe separarse del Estado, pero no la religión de la política, porque de otro modo, ¿quién va a señalar los límites al Gobierno?

De todos los libros del Antiguo Testamento, Deuteronomio es citado 195 veces en el Nuevo: más que los Salmos, Isaías, Génesis y Éxodo, en ese orden. Deuteronomio es el contexto apropiado para interpretar y apreciar muchos textos en los Evangelios. Por ejemplo: “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Marcos 12:17 y Lucas 20:25), significa que al Gobierno le corresponde lo suyo, pero nada más que lo suyo, y que a Dios, y no al César, cabe definir qué le corresponde o no al Gobierno. Otro ejemplo: en el “Padre Nuestro” (Mateo 6:9-13 y Lucas 11:1-4), modelo de la oración cristiana, hay esta frase: “Venga a nosotros tu Reino”, seguida de “hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo”, cuyo sentido no se capta o se entiende mal sin referencia a la entera doctrina bíblica del Reino de Dios.

A fines del siglo XIX, muchos rabinos y clérigos, equivocadamente pensaron (1) que “la ciencia” apoya la teoría darwinista de la evolución de las especies; y por ello la Biblia ya no es un documento confiable, al menos en su totalidad. Y una vez desacreditado el principio (Capítulo 1 del primer libro: Génesis) ¿por qué confiar en lo que sigue? Y pensaron (2) que “las ciencias” sociales, y en particular la Economía Política, apoyan la teoría marxista acerca del capitalismo liberal como un sistema “explotador”; y por eso, todo lo que el Antiguo Testamento enseña sobre Gobierno limitado, mercados libres y propiedad privada (y que el Nuevo no niega en absoluto, sino que confirma al 100%), carece de valor por completo, o bien su validez se limita al antiguo pueblo seminómade de los días de Moisés.

Al propio tiempo, líderes judíos y cristianos de izquierdas comenzaron a interpretar otros textos de manera forzada y arbitraria, para sostener que la Biblia apoyaba el socialismo, e incluso una obediencia ciega a las ordenanzas de los Gobiernos, sean socialistas o meramente estatistas. Por ejemplo, el cap. 13 de la Epístola de Pablo a los cristianos de Roma, que manda obedecer a las autoridades políticas, se leyó (y se lee aún) sin considerar que tanto el firmante de la carta, como sus destinatarios inmediatos, fueron más tarde apresados, procesados, condenados a muerte y cruelmente torturados y ejecutados ¡por no obedecer a las autoridades políticas!

Termino otra vez con la pregunta que me hago, la misma de siempre: ¿qué pasaría en América Latina si les predicamos la Política de Dios a todos los judíos y cristianos, y les exhortamos a cambiar de bando, y de repente lo hicieran?

¡Y Feliz Navidad para todos!