Políticas, Estrategias y Tácticas

En 1864, Karl Marx, Friedrich Engels, Mijaíl Bakunin y sus camaradas crearon en Londres la que se conocería como la “Primera Internacional” socialista, para destruir el capitalismo, e imponer en su lugar el socialismo revolucionario.

¿Quiénes eran? Unos exiliados desconocidos, porque en esos años, los más famosos líderes de la izquierda eran clérigos y laicos cristianos, en su mayoría anglicanos, como John Ludlow, Frederick Maurice, Charles Kingsley y Thomas Hughes, quienes en 1850 comenzaron a publicar sus “Tratados de socialismo cristiano”, y el periódico “El Socialista Cristiano”. Después los Papas romanos condenaron al socialismo por ateo y anticlerical, pero a la vez, en lugar de defender al capitalismo, lo condenaron también, y por casi las mismas supuestas razones alegadas por los socialistas.

A poco tiempo, aquellos comunistas ateos de la Primera Internacional desplazaron a los “socialistas cristianos” en el liderazgo de la izquierda. ¿Cómo? Simple: fundaron partidos socialistas, organizados, bien estructurados y disciplinados, capaces de atraer el voto cristiano. Y así es hasta hoy.

Cinco estrategias marxistas

En los acuerdos de 1864, cinco estrategias fueron claves para el éxito marxista posterior:

  • (1) El socialismo es un proyecto político, no religioso, tampoco académico, sindical, o de comunas utopistas;
  • (2) de carácter internacional, no para andar cada grupo o partido socialista por su lado en cada país;
  • (3) con ideología, políticas y programa común, en el Manifiesto Comunista de 1848 y otros documentos;
  • (4) con objetivos y metas a largo y mediano plazo, no corto;
  • (5) siendo el paso inicial la creación de partidos socialistas, uno en todos los países, pues las ideas políticas deben ganar votos, y para eso deben predicarse desde plataformas políticas, con programas electorales y candidaturas, para los puestos públicos, en el Parlamento primeramente.

En las siguientes décadas fundaron partidos socialistas en cada país, al paso que se libraban de los conflictivos, estorbosos y paralizantes anarquistas, que poco a poco se desprendieron del movimiento, reacios a cumplir estas exigentes pautas. Los comienzos del siglo XX vieron a estos recién fundados partidos “obreros y socialistas” ilegalizados en muchos países, lisa y llanamente prohibidos.

Pero no por ello se desanimaron. Fueron muy sagaces: en la clandestinidad primero se hicieron fuertes, creciendo en número e influencia, y luego, no antes, hicieron presión por diversos medios, para obtener su reconocimiento legal. Después hicieron sus campañas electorales para obtener sus primeros votos, y sus primeros asientos como congresistas, desde los cuales comenzaron a promover sus primeras leyes socialistas.

Las izquierdas cristianas sembraron y los marxistas cosecharon. Así los partidos y “frentes” de izquierda dominaron el siglo XX en lo ideológico, político y electoral, en sus diversas expresiones nacionales. Con nombres y formas distintas sólo en apariencia: el comunismo soviético, el nacional-socialismo, social-fascismo y falangismo español, “laborismo” en Inglaterra, el “New Deal” en EE.UU., maoísmo chino, “idea Zuche” en Corea y “Ujamaa” en Tanzania, peronismo en Argentina, castrismo en Cuba, en Nicaragua es el sandinismo, y el chavismo en Venezuela.

Son en esencia lo mismo: socialismo puro y duro, igual en todas partes, y con diferencias en rasgos no esenciales, y sobre todo en dosis mayores o menores de brutalidad, barbarie, crueldad y cinismo.

Desde 1864, las izquierdas cambiaron muchas cosas, por ej. ahora acostumbran ocultarse detrás de “movimientos sociales” cuyos hilos manejan en la trastienda, y aparecer en escena solamente para las elecciones. Pero no cambiaron estas cinco estrategias. Y las encuestas en muchos países informan que todavía la proporción del voto cristiano de sus partidos es mayor que en el universo electoral.

El socialismo no es un fracaso

Así los partidos socialistas tuvieron éxito en su propósito central declarado: destruir el capitalismo liberal. Lo consiguieron. Por eso estamos como estamos. Otro objetivo central, no siempre declarado, fue puesto crudamente por Lenin en su consigna “¡Todo el poder para los soviets!”, estampada en el Pravda Nº 99, del 5 de julio de 1917. También lo consiguieron.

¿Y las fantasías utópicas de abundancia e “igualdad para todos” que repiten en su retórica? No son sus verdaderas metas. Si vemos a sus objetivos reales, el socialismo no es “un fracaso”. Fracasados son los desinformados e ingenuos, que siguen sin entender qué es el socialismo realmente.

¿Qué son los mercados políticos?

Cuando uno necesita chorizos, los compra en el supermercado o la charcutería. Ahí están a la venta, porque una finca rural produjo los cochinos, y luego otra empresa procesadora de carnes hizo los chorizos, y los distribuyó al comercio minorista. Pero la gente no compra chorizos en fincas, ni en procesadoras industriales o compañías distribuidoras, sino en la tiendita o mercado más cercano.

De igual forma las ideas políticas se producen en las “academias”, normalmente universitarias; luego se “procesan”, de manera no centralizada, en la docencia, los medios de prensa y “entretenimiento”, las iglesias, y ahora en las “redes sociales”, y en toda tertulia formal o informal en la que se habla y se discute de política, por ej. en el café, el trabajo, el colegio o la mesa del hogar.

Tras ser producidas y procesadas, las ideas políticas se venden al por menor, empaquetadas en programas y ofertas de los partidos y candidatos, debidamente publicitadas. Porque en los mercados políticos, los partidos son lo mismo que las empresas minoristas en los mercados económicos. De allí el craso error de los “tanques de pensamiento”, esas grandes “fundaciones” liberales: pretenden que el público les compre directamente a ellos sus “ideas de la libertad”, como si los chorizos se comprasen directamente en la finca o en el procesador industrial.

¿Qué son los partidos políticos?

En el capitalismo, toda empresa, definió el Premio Nobel Ronald Coase, es “una isla de planeación central en medio de un océano de libre mercado”. Con su estructura jerárquica y sus cadenas de mando, su alta y media gerencia, sus empleados y obreros, la empresa produce bienes y servicios, a cambio de precios, cumpliendo funciones de intermediación, entre demandas y ofertas, en su mercado propio respectivo, y en los de sus factores productivos. ¿Qué hay de malo? Nada.

En un mercado político, los partidos ofertan a los electores, a cambio de sus simpatías, sus votos y su dinero para las campañas, cuatro tipos de productos políticos: (1) ideología (o sea doctrina) y cultura política; (3) partidos, cada uno en su marco doctrinario, de izquierda o de derecha, con sus líderes y sus cuadros; (2) políticas públicas, proyectos de leyes, y de creación y reforma de las instituciones, diseñados a partir de las doctrinas de cada partido, que son como la materia prima; (4) candidatos, que postulan a elección o reelección para los puestos públicos. ¿Hay algo malo en este sistema en sí mismo, como tal? Nada. Lo malo es el socialismo.

Pero si una carnicería vende chorizos podridos, los socialistas culpan al capitalismo. Igualitos los “anarco-capitalistas” y otros: como los socialistas le venden ideas podridas al electorado, entonces culpan a la democracia, y a la política y a los políticos en general, en vez de ofertar los liberales sus productos propios de alta calidad, desde sus plataformas partidarias, como debe ser, y como han hecho y hacen siempre las izquierdas, con sus malos productos.

La democracia sana

Es una democracia liberal, representativa y de partidos “diferenciados”. En la democracia enferma o patológica no hay diferenciación en las ofertas: todas son de izquierda.

La democracia no es en sí misma inmoral, ni el libre mercado, que basado en igual principio, la libertad para competir; y bajo el “Imperio de la ley” (Rule of Law), equivale al free market en la economía. Lo inmoral no es el Estado sino el estatismo, y las ideas socialistas (y mercantilistas). Pero no es inmoral la política, el Gobierno civil (limitado), la democracia o los partidos, que son insustituibles; y no por su culpa el socialismo se impuso en el mundo, sino por la “in-competencia” de las derechas para producir, ofertar y publicitar los bienes públicos y servicios políticos propios y típicos suyos, harto mejores.

Marketing político

El “Establishment” liberal pretende “difundir las ideas de la libertad”; pero no dice cómo se aplican. Es como si un laboratorio farmacéutico afirmara tener la cura definitiva contra las caries dentales, pero no nos dice si es una crema dentífrica, grageas o inyecciones, cómo se administran y cómo son las dosis, o si hay o no contraindicaciones, ni dónde se vende o cuánto cuesta.

Sin duda el socialismo hace competencia desleal, ventajera y abusiva, y ofertas engañosas, y afirmaciones totalmente falsas en su publicidad. Disfraza ilegítimamente sus banderas como si fuesen “cristianas”, y así confunde a “la mayoría silenciosa”, gente de orden y paz, de trabajo y familia, de emprendimiento y progreso, y la hace votar contra sus mejores ideales e intereses.

Muchos cristianos caen en la trampa, y gente de buena fe. Sin distinguir el “capitalismo de amigotes” del capitalismo liberal, la izquierda nos puso a todas las derechas en el mismo saco, y así nos arrinconó contra las cuerdas. Nos impuso su cultura, sus leyes, sus partidos, sus candidatos y hasta su lenguaje, en tanto se adueñó de todos los resortes de un poder estatista omnímodo y totalitario. En el siglo XX decretaron el marxismo económico; y en este siglo XXI, decretan el marxismo cultural.

Pero ahora, 2016, hay un cambio: muchos cristianos se van del socialismo, y del “apoliticismo”, un pecado por omisión. El péndulo gira a la derecha otra vez. No siempre una derecha buena; a veces es una derecha estatista. Pero lo bueno es su capacidad para derrotar a la izquierda. Así nos abre una oportunidad a los liberales clásicos, y a nuestro proyecto político “La Gran Devolución”, altamente competitivo por ser único en su género. Y adaptamos las mismas cinco estrategias de 1864, para nuestro objetivo, contrario al de la Primera Internacional: ¡rehabilitar el capitalismo liberal!

Capitalismo

“Capitalismo” era el sistema económico liberal, surgido naturalmente cuando los Gobiernos eran “limitados”, a sus funciones propias, seguridad, justicia y obras públicas, y también en poderes y recursos. Así la gente por sí misma se coordinaba en toda suerte de actividades productivas, para satisfacer la ancha y variada gama de necesidades humanas; la economía en la sociedad se organizaba según las leyes de la oferta y la demanda. Los jueces ordinarios resolvían conflictos mediante fallos dictados según la ley “ordinaria” también: una norma de justicia general y abstracta, e igual para todos, por resarcir o compensar a las víctimas por daños comprobados a las personas o a sus libertades y propiedades, con crímenes y faltas en lo civil, penal, comercial o procesal.

Tras malas experiencias con el tramposo capitalismo “mercantilista” de los siglos XVII y XVIII, con el liberalismo la sociedad funcionó, y la humanidad progresó. En el siglo XIX hubo un florecimiento nunca visto antes en el mundo, económico, cultural y civilizatorio, que luego ha sido muy ferozmente calumniado y desacreditado por las izquierdas, las que en el siglo XX nos impusieron una suerte de “capitalismo de Estado”.

Las 10 políticas de 1848

En 1848, Karl Marx y Friedrich Engels publicaron su “Manifiesto Comunista”, con una serie de falsedades históricas, y un “Decálogo” o lista de Diez Propuestas o medidas de política “socialistas”, también llamadas “comunistas”, términos sinónimos según los autores del folleto.

La inmensa mayoría de la gente lo ignora por completo, pero desde entonces hasta hoy, los Gobiernos de todos los países aplicaron y aplican esos 10 puntos. Han decretado y han seguido y confirmado esas políticas, con sólo dos breves intervalos de parciales retrocesos, en las dos últimas “posguerras”: años ’50 y años ’90, tras la Segunda Guerra Mundial y la “Guerra Fría”. Muy pocos conocen el origen de las tales políticas, pero son fuente de las calamidades que aún soportamos. ¿Cuáles son esos 10 puntos, cómo se decretaron y aplicaron, y con cuáles efectos?

  • (1) Expropiación de la propiedad inmueble; fue la “Reforma Agraria”, contra la propiedad rural extensa, llamada “latifundio”. La agricultura y la ganadería fueron heridas de muerte.
  • (2) Impuesto “progresivo”: tasas mayores para los ingresos superiores; para “redistribuir la riqueza”. Esto es un fuerte desincentivo para el trabajo, las empresas, negocios, inversiones; y también para actividades no lucrativas, como las artísticas y filantrópicas, que dependen del poder adquisitivo del público, para pagar entradas a los espectáculos, o hacer donaciones.
  • (3) Abolición del derecho de herencia, sometida a fuertes impuestos y otras limitaciones y restricciones, para la “igualdad de oportunidades”. La estructura familiar se vio muy perjudicada con esta arbitraria medida.
  • (4) Confiscación de las “grandes fortunas”; usurpación que se llevó a cabo bajo la forma de “nacionalización” de grandes empresas extranjeras, y de activos y propiedades en general, para acrecentar el capital estatal, en detrimento de los patrimonios privados.
  • (5) Centralización del crédito en el banco “central” del Estado, con monopolio para emitir billetes de puro papel, sin obligación de respaldo metálico alguno, generando expansión del circulante. Así llegó la empobrecedora inflación de dinero, un impuesto disfrazado sobre los saldos líquidos de la gente.
  • (6) “Nacionalización” de los medios de transportes, es decir de ferrocarriles y vehículos, y ya no solamente de las meras “vías” de transporte: caminos, carreteras y otras arterias de comunicación, como parte del concepto de obras públicas.
  • (7) Fábricas, fincas y empresas comerciales de propiedad del Estado, bajo la planificación central. Con este punto 7, y los previos 4 y 6, aparecen las “empresas públicas”, ineficientes y harto costosas, causa del estratosférico gasto estatal, no siempre “público”, que juntamente con la burocracia, lleva a los Gobiernos sin límites a una cadena interminable de crónicos endeudamientos y refinanciamientos.
  • (8) Creación de “ejércitos industriales”, desde 1919 mediante las Leyes del Trabajo, urbano y rural, impulsadas por la OIT, fijando sueldos y condiciones laborales colectivas, encareciendo los empleos formales. Aquí se acabó la libertad de contratos, y nació el “paro” o desempleo involuntario.
  • (9) Organización de las explotaciones productivas bajo el poder del Estado; bajo diversos nombres fueron decretadas, por ej. “retenciones”, “cánones” o “regalías” para las arcas fiscales, de una porción cada vez mayor de las ganancias de empresas privadas, en casi todos los mercados: minería, petróleo, gas, haciendas agropecuarias, etc.
  • (10) Educación pública y universal, obligatoria y “gratuita”, dictada por los Gobiernos para niños y jóvenes, a fin de “socializarles”: enseñarles que todas estas medidas son legítimas y normales. La educación pública no instruye, no informa ni educa, sino que embrutece; pero inculca las doctrinas socialistas: el marxismo económico y el marxismo cultural.

Hasta aquí el “marxismo económico”. Excepto la última, No. 10, sobre la educación, estas propuestas se refieren a economía, banca y finanzas. Se aplican, en diverso grado, en todo el mundo, desde hace más de cien años; y se ven “comunes y corrientes”, desconociendo su oscura procedencia.

El Pacto Social

Es la estrategia del sistema social-mercantilista. Los marxistas no son idiotas: son parásitos inteligentes, jamás terminan de arruinar totalmente la economía porque no matan al organismo hospedario al que parasitan. Para seguir con vida, hacen un “Pacto” con la economía mercantilista de vieja data, mientras crean nuevas oligarquías mercantilistas propias, surgidas de su mismo seno.

En el Parlamento, los representantes del mercantilismo votan por las “leyes sociales” de la izquierda, aun sabiendo que incrementan los costos empresariales. A cambio logran los votos socialistas para las leyes “proteccionistas” de la economía, que se disfrazan de “nacionalistas”, con sus pingües privilegios monopolistas para los empresarios incompetentes. El “Pacto Social” fue iniciado por los laboristas y los conservadores en Inglaterra, cuando el socialista Clement Attlee lo acordó con Winston Churchill, con el pretexto de los daños ocasionados por la II Guerra Mundial.

Las leyes “proteccionistas” debilitan la economía nacional, lejos de fortalecerla, porque la hacen menos competitiva; pero convienen a los intereses de las peores empresas. Por su lado las leyes “sociales” elevan los costos de los empleos formales, y así crean desempleo e informalidad; pero convienen a los intereses sindicales, y de los trabajadores sindicalizados, que por lo común son aquellos menos diligentes y empeñosos. Los Pactos Sociales son impulsados por la OIT.

Globalización del estatismo y el socialismo

A propósito de la OIT: una de las realidades ocultas más escondidas, es que ahora las políticas y estrategias de la izquierda son globales. Desde la escuela nos enseñan que “este es un país soberano”, y que las leyes las hace el Congreso. Afirmaciones harto discutibles, las dos.

  • (1) Hay infinidad de “organismos mundiales”: ONUDI, PNUD, ONUDD, FAO, OMS, CPI, etc., y muchísimas otras siglas, “la sopa de letras”. Casi nadie las conoce, ni sabe qué significan las letras, mucho menos qué es lo que hacen. Es el Gobierno Mundial único que ya existe, no “va a venir”; ya vino, hace mucho rato. Corta o suprime libertades, entorpeciendo y poniendo trabas, exigencias absurdas y reglas obstaculizadoras, y altos costos adicionales para las empresas, y nuestras vidas. Es el nuevo Imperio planetario, con sus respectivas “sucursales” o prefecturas regionales en todo el mundo, en América la OEA y sus agencias, oficinas y programas, y la Unión Europea. Es el “Sistema de las Naciones Unidas”, del que dependen nuestras naciones, que no son “soberanas”.
  • (2) Las peores leyes malas no se escriben aquí en nuestros países. En temas de trabajo y Seguro Social por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra, Suiza, hace sus “Convenios” o tratados internacionales. En temas judiciales, la Corte Penal Internacional (CPI), en La Haya, y la Comisión Interamericana de “Derecho Humanos” (CIDH), también en Washington, escriben sus acuerdos y consensos. En materias de agricultura y alimentación, la FAO nos dicta las leyes desde Roma. Igual en salud y atención médica, impera la OMS, desde Ginebra, Suiza.

En educación y cultura es la Unesco desde París, Francia. En desarrollo económico es el PNUD, desde Nueva York; en industrias es la ONUDI desde Viena, Austria; y en drogas es la ONUDD desde Nueva York también. En economía, banca, finanzas y gasto público, mandan el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), desde sus enormes edificios en Washington DC. Nos dictan sus reglas en forma de “tratados”, que no son tan pro-mercado libre como la gente cree.

Para América Latina hay oficinas de la OEA, enlazadas “hand to hand” con cada una de estas agencias de la ONU. Asimismo es la Unión Europea, que hoy genera justas reacciones de indignación y rechazo en todos los países del Viejo Mundo. Porque son “Ministerios” del Gobierno Mundial, son sus brazos ejecutores o tentáculos en todas las regiones del planeta.

Cómo nos quitan la soberanía

Los Embajadores “acreditados” ante esos organismos no nos representan a nosotros, ni siquiera a “nuestros” Gobiernos, como dicen; es al revés: ellos representan a las “Agencias”, son sus lobbystas ante “nuestros” Parlamentos. Traen bajo el brazo sus “acuerdos” y “consensos”, y hacen lobby (pasillo, cabildeo) para aprobarse rápido y sin discutir. En el Congreso, los “legisladores” (¿?) en su mayoría solo alzan la mano, sin leer los textos, mucho menos sus voluminosos “Anexos”, y las decretan como leyes, en Bogotá, Caracas, Buenos Aires, La Paz o Ciudad de México.

Y después “sus” Agencias, en premio, les nombran en altos puestos directivos o como “asesores” y “expertos especialistas”, con jugosos “paquetes” de sueldos. bonificaciones y beneficios, carro lujoso y chofer, y dorado plan de pensión. Esto se oculta al público, porque las Agencias “multinacionales” (¿?) reducen o nulifican por completo la soberanía real de los países.

¿Cuántas “unidades tributarias”, en impuestos, nos cuestan cada año sus lujosas oficinas, limosinas, secretarias, constantes vuelos First Class a sus reuniones, ida y vuelta con escalas, de aquí para allá, con incontables “almuerzos de tres martinis”, y los ya dichos planes de pensión? Mucho.

Pero el costo no es lo peor. Lo más grave son los perniciosos efectos de las leyes malas, dictadas en su mayoría por los “imperios temáticos” de la ONU y la OEA, cuya derogación es condición necesaria para las reformas. Y otra condición es la ruptura, total o parcial, de las cadenas con las “Agencias” dominantes en este rico, poderoso y omnímodo imperio, cuyos gastos, opresión y otros resultados malsanos y destructivos, llegan a todas partes, hasta los más remotos rincones.

¡Esta política nuestra sí que es antiimperialista de verdad!

“Mi país es único y muy especial”

Por eso las leyes de Perú por ej. son casi idénticas a las de Chile, Venezuela, Cuba, y Bolivia, Colombia o México, etc. Son leyes “talla única”, igualitas, las mismas para todos los países. Pero si los liberales hacemos propuestas de reformas en favor del libre mercado, se nos dice: “Libre mercado no en este país; porque este país es único y muy especial”.

Como si las leyes, medidas y políticas socialistas que la izquierda defiende a capa y espada no fueran idénticas para todas las naciones; y como si sus calamitosas consecuencias no fueran iguales.

Es una de las estrategias del statu quo, y muy efectiva. Nos dicen: “Hay que detectar cuáles son las necesidades específicas de nuestro país; y formular propuestas adecuadas a nuestras necesidades”, como si la gente no tuviera en todas partes las mismas necesidades de seguridad, alimento, ropa y calzado, vivienda, educación y medicinas, transporte, empleo, ingresos y demás.

Y como si la fórmula adecuada para satisfacer esas necesidades no fuese en todas partes la misma: Gobiernos limitados, mercados libres, propiedad privada.

Estrategias de aproximación directa e indirecta

El panorama ahora se complica con el “marxismo cultural”. Marx y Engels, los grandes enemigos del capitalismo, sagazmente descubrieron algo que lamentablemente ignoran muchos de sus defensores, los economistas “libertarios”: que el capitalismo está muy estrechamente ligado no sólo a la propiedad privada, sino también al matrimonio, la familia, y los valores tradicionales.

Engels lo expone en “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado a la luz de las investigaciones de Lewis H. Morgan”, libro publicado en 1884, basado en las notas de Marx (fallecido en 1883) al tratado “La sociedad antigua” del antropólogo estadounidense Lewis Morgan.

En 1848 cuando escribieron el Manifiesto Comunista, sus autores estaban convencidos de que la abolición del capitalismo era inseparable de la supresión del matrimonio y la familia. Pero sabían que todo no se puede hacer a la vez, así que pensaron a largo, muy largo plazo. Se enfocaron primero en imponer el socialismo en la economía, dejando para después la lucha contra el matrimonio, la ética, la cultura y la familia. Resulta que aquel “después” es ahora mismo, en el siglo XXI.

“La mejor estrategia contra un enemigo poderoso es debilitarlo primero, para después atacarlo de frente”. Eso escribió un militar, Basil Liddell Hart, llamado “el capitán que enseñaba a los generales”, en su libro sobre la “estrategia de la aproximación indirecta”, publicado en el año 1929. De la “Gran Guerra” de 1914-18 quedó afectado por los gases tóxicos, así que se dedicó a estudiar. Aprendió sus lecciones, las que fueron aplicadas por sus discípulos militares en la Segunda Guerra, de 1939-45.

El marxismo aplicó al pie de la letra la “aproximación indirecta”. A lo largo del siglo XX, sus 10 puntos empobrecieron y arruinaron a las familias, de modo indirecto, con la erosión de la propiedad privada, la inflación, los impuestos, y las leyes reglamentaristas contra las empresas productivas. Las familias fueron reducidas en poder adquisitivo y en tamaño: ya no pueden tener “muchos” hijos (¿cuántos?), dado que los recursos familiares son cortos, y el desempleo arrecia.

Ha llegado entonces para el marxismo la hora del ataque directo, no ya indirecto, contra el matrimonio, la familia, la religión y los valores tradicionales.

Marxismo cultural

Tras la revolución rusa de 1917, los marxistas esperaban una inminente revolución obrera en cada país europeo. Pero sólo sucedieron en Alemania y Hungría, y fueron abortadas, porque los “revolucionarios profesionales” leninistas no tuvieron el apoyo obrero que esperaban.

¿Por qué? El italiano Antonio Gramsci y el húngaro Georgy Lukács recordaron sus lecturas juveniles de los “profetas” Marx y Engels, en contra del matrimonio, la familia y los valores tradicionales: los obreros no entendieron sus “intereses objetivos de clase”, porque estaban inmersos en la cultura occidental. Por eso, en el plano cultural deben operar los partidos marxistas, y no de forma directa sino indirecta, en una labor de zapa y “ablandamiento”. La “larga marcha cultural” debía atrapar en su propaganda a las escuelas, diarios, revistas, cine y teatro, literatura, museos, iglesias, universidades y seminarios teológicos, liceos, academias militares y de policía, etc.

En 1923 el millonario heredero Felix Weil, fundó en Alemania un centro dirigido por Lukács: “Instituto para Investigación Social”, luego conocido como Escuela de Frankfurt. En 1930, Max Horkheimer asumió la dirección, reformulando la tesis marxista sobre la “superestructura” como mera consecuencia de la “infraestructura” económica. Hizo la “Teoría Crítica”: destruir la civilización occidental, su cultura y sus valores, implica no ya la formulación teórica de una sociedad alternativa, en modo positivo, sino un ataque sistemático contra todos sus valores, en modo negativo, “crítico”.

A título de ejemplo, Theodor Adorno, Erich Fromm y Herbert Marcuse afirmaron que las diferencias sexuales son meras “construcciones sociales de la burguesía”.

El Instituto fue cerrado en 1933 por los nazis, por ser sus miembros judíos, y muy anti-judío el socialismo “nacional” hitlerista. Huyeron a EE.UU., y fueron recibidos como “grandes eminencias europeas” por los acomplejados directivos de las universidades yanquis. Restablecieron su Instituto en la Universidad de Columbia, en Nueva York, con una amplia variedad programas encubiertos como “áreas de estudio” para “criticar” cada uno de los valores, normas y principios de la cultura vigente, e inculcar divisionismo y victimismo en una serie de conflictos imaginarios.

Metieron un nuevo lenguaje “progresista”, y “políticamente correcto”, definiendo una serie de actitudes “negativas y de odio”, de conductas e instituciones “excluyentes” y promotoras de la “intolerancia”, y de la desigualdad y la “dominación”, por ej. el “heteropatriarcado”.

El “relativismo”, parte del pensamiento “Posmodernista”, aunque es una filosofía muy antigua, que remonta a los escépticos griegos. Niega la verdad objetiva, afirmando que cada individuo tiene “su” propia verdad subjetiva. Opera como una densa cortina de humo que protege al marxismo cultural.

Políticas liberales: deshacer todo lo malo que se hizo

¿Y cuáles son las medidas contrarias, para revertir la presente situación, que hay que tomar para la vuelta al capitalismo? Simple: suprimir las políticas socialistas y comunistas, una por una. Derogando las leyes malas, total o parcialmente, e impulsando cinco series de reformas “estructurales”; de fondo, para cambiar el sistema, y volver así a las viejas y nobles reglas, principios y valores.

La política es lucha constante entre el realismo de la derecha, y el utopismo de la izquierda, refugio para demagogos, bandidos y criminales. Eso no cambia nunca; ni cambia la “ley del péndulo”, tan válida y universal como la de la gravedad: cuando los gobiernos de un lado agobian demasiado a la gente, en la próxima oportunidad se cambia para el otro lado, dentro de las opciones disponibles.

  • (1) Las izquierdas son todas malas, y se distinguen por los medios que emplean, en la economía, y en las otras esferas de la sociedad. Las “duras” usan la violencia; y las “blandas” solamente el engaño.
  • (2) Las derechas no escogen la violencia, excepto en aquellos casos de defensa. Las hay liberales y estatistas, diferentes por los fines y esferas para el estatismo: unas lo quieren en la economía, las mercantilistas, para “proteger” sus negocios; otras en la educación, con “enseñanza pública” según sus convicciones ideológicas; otras en la religión, a favor de tal o cual iglesia; otras en las regiones del país, para tener privilegios en sus “territorios”, etc. La derecha liberal no quiere estatismo sino mercado, en economía, educación, cultura, arte y espectáculos, deporte y medicina, etc.

No es tan difícil rehabilitar el capitalismo: basta con salir del socialismo o “comunismo”. Deshacer la obra de los discípulos y seguidores de Marx y Engels. ¡Eso es todo! Lo problemático es explicarlo a la gente engañada. Porque fácil es mentir, pero mucho más difícil es sacar a la gente de sus engaños, ya que hoy las personas tienen exagerada autoestima: se niegan a admitir que han sido estafadas, y que no advirtieron el engaño, por temor a lucir como algo tontas o de pocas luces.

Estrategias liberales: desnudar las mentiras, decir la verdad

Como líneas de estrategia general, los liberales tenemos dos, muy poderosas: desmontar las mentiras y decir la verdad, siempre. Y nosotros no mentir, nunca, ni ocultar la verdad, con ningún pretexto. No es algo fácil pero hay que hacerlo: es imposible progresar sin desbaratar la mentira, y se hace con la verdad. No es la “mejor” estrategia; es la única: no hay otra.

Decir la verdad poco a poco, no de golpe, por partes. Porque al principio la verdad es impopular. Hubo más de un siglo de muchas mentiras socialistas sobre diversos asuntos y temas, disparadas una tras otra, para encubrirse unas con las otras: en la educación formal, prensa, discursos políticos, películas y novelas, hasta en las prédicas dominicales de las iglesias. Exponer todos los engaños a la misma vez, y contrastar con las verdades respectivas, resulta indigerible para la persona promedio. Y más ahora con los “espectáculos” deportivos y otros de masivo “entretenimiento” y sensacionalismo morboso por la TV, la gente vive como “zombi”, atontada, ciega, no ve las realidades y no entiende las verdades, las que generan incomprensión, rechazo o indiferencia, sobre todo al inicio.

No es fácil. ¿Cómo decir que los Bancos Centrales son inventos marxistas? ¿Cómo decir que ya no vivimos en países “capitalistas” sino socialistas, que aplicaron al 100 % el Programa del Manifiesto Comunista de 1848? ¿Cómo decir que no somos naciones soberanas, y el Congreso no dicta las leyes?

¿Cómo quitar de las cabezas lo de “mi país es muy distinto”? ¿Cómo explicar el “feminicidio”, que es un absurdo, y un mazazo directo contra la familia? ¿Y las leyes “obreras”, que fueron golpes indirectos? ¿Cómo denunciar el relativismo? ¿Cómo decirle a la gente que han llamado bueno a lo malo y malo a lo bueno, en palabras del profeta Isaías 5:20?

Hay que decir las verdades paso a paso, persona por persona, a partir del círculo inmediato de familiares, amigos, vecinos y compañeros de estudio o trabajo. Empezando por revelar a cada quien, según su condición o situación concreta, las desventajas que le comporta el actual sistema, y todas las muchas ventajas que tendría, y su familia, una vez cambiado este sistema lesivo.

“La Gran Devolución”, resumen

“La Gran Usurpación” ha sido el proceso por el cual el Estado se atribuye funciones impropias, en los sectores de la economía y las finanzas privadas, como en educación, atención médica y jubilaciones. Así ha descuidado sus funciones propias: seguridad; justicia; y las obras públicas de infraestructura física. Luego de atribuirse indebidamente tantas funciones, se arroga poderes extraordinarios, con el pretexto de cumplirlas; y también decreta una larga serie de elevados impuestos con igual pretexto.

“La Gran Devolución” es un programa político de Tres Pasos, para devolver a la gente todas las funciones, y los poderes, y los recursos, que los Gobiernos estatistas nos han usurpado.

1.- Recuperación de la soberanía nacional

Revisión crítica y rescisión total o parcial de los acuerdos y tratados internacionales que nos imponen las leyes malas a título de “convenios” con la ONU, la OIT, UNESCO, FAO, OMS, el PNUD, UNICEF, ONUDD, FMI y Banco Mundial y las demás burocracias globales; y que los Congresos y Parlamentos nacionales han ratificado y convertido en leyes.

Las leyes malas en su mayoría han sido dictadas por “Acuerdos” internacionales promovidos por toda esta “sopa de letras” que es el Gobierno Mundial, que hoy nos ata y somete a todas las naciones. Por ello, este paso 1 es condición necesaria e imprescindible para el siguiente.

2.- Derogación total o parcial de las Leyes Malas

Leyes Malas son las que prohíben, impiden, estorban y obstaculizan las reformas de fondo que son necesarias en todas las naciones para su recuperación. Por ello, este paso 2 es condición necesaria e imprescindible para el siguiente.

Consultar el documento “Catálogo de Leyes Malas”. I. Actividades y relaciones productivas. II. Impuestos y multas. III. Moneda, Banca y Finanzas. IV. Bolsa de Valores, Seguros, Cambios de Divisas. V. Discriminaciones e injustos privilegios. VI. Empleos, trabajo y sindicatos. VII. Actividades “sociales”. VIII. Drogas y ambientalismo, crimen y justicia.

3.- Las Cinco Reformas

Ver el texto “Las Cinco Reformas”. 1. Política: Gobiernos y partidos. 2. Economía, moneda, impuestos, banca y finanzas. 3. Educación, en todos sus niveles. 4. Atención Médica. 5. Jubilaciones y Pensiones.

¿Nada más? No, falta algo: un “Paso Cero” si quieres llamarle así: crear y desarrollar partidos políticos liberales clásicos, devolucionarios y cincoreformistas, capaces de ganar curules en el Congreso. Esto es con la Metodología que llamamos “La Incubadora”; consultar el documento.

¿Por qué son tan radicales las reformas?

Moderados y “gradualistas” se lo preguntaban a la Primer Ministro Margareth Thatcher, y los periodistas. A la cual respondía con todas las explicaciones y argumentos pertinentes; básicamente: porque los males son muy graves, su remoción ha de ser completa, y los remedios, muy radicales.

Si las reformas no son radicales, no darían al pueblo suficientes beneficios concretos y tangibles, y por tanto no se haría la “masa crítica” necesaria para su defensa. De ese modo, reformas pequeñas, parciales e insuficientes, serían “precarias”, ya que el laborismo no tomaría ventaja de la falta de apoyo popular, para revertirlas, tarde o temprano.

El tiempo le dio la razón a la “Dama de Hierro”: sus sucesores, comenzando por los de su propio partido Conservador, no profundizaron ni ampliaron las reformas, las que pronto comenzaron a ser revertidas, bajo la presión de la “Eurorocracia” de Bruselas, la Unión Europea. Gracias a Dios este año los ingleses votaron a favor del “Brexit”, la salida, porque hay una fuerte corriente de opinión que por fin lo entendió: a padecimientos extremos, remedios radicales.

¿Se requieren reformas constitucionales?

Cuando se dicta una ley sobre una materia, tácita o expresamente se anula la precedente sobre ese tema. Las leyes malas han sustituido a las buenas, las leyes viejas. Derogar las leyes malas implica rehabilitar las anteriores, por lo general mucho mejores, en forma explícita o automática. Con las Constituciones es igual: las de ahora son socialistas casi todas, y tendrán que derogarse, en forma total o parcial; hay que “exhumar” los textos anteriores y rehabilitarlos, tal vez con enmiendas.

Las leyes y las constituciones no son como las computadoras, los teléfonos, los automóviles y otros artefactos tecnológicos: no siempre lo más nuevo es lo mejor.

Liberales, “Neo” liberales y “libertarios”

  • (1) Los liberales clásicos promovemos Gobiernos Limitados, mercados libres y propiedad privada. Algunos creen en el Dios bíblico, otros son deístas, agnósticos o ateos, pero acordamos que el norte de nuestra acción política son nuestras políticas, y no nuestras creencias o no creencias religiosas. No obstante, es imperativo quitarle al socialismo sus cuadros y bases electorales “cristianas”; y para eso es necesario hablar de religión, sobre todo de religión cristiana.
  • (2) Los “Neo” liberales son los devotos del “Consenso de Washington”, una lista de reformas muy tímidas y parciales, suerte de capitalismo Neo mercantilista. Los “Neoliberales” pretenden que los socialistas democráticos “aprendan economía”, y se conviertan para hacer políticas liberales, o bien se ocupen de la política y del Gobierno, y les nombren a los Neoliberales como Ministros de Economía.
  • (3) Los liberales “sociales” o socialdemócratas no aprendieron economía; por eso quieren seguir con el Welfare State, pero sin corrupción, sin “modelo autoritario”, y con “Estado de Derecho” (¿?) Son de centro-izquierda, aunque algunos no lo confiesan, y niegan ser “etiquetados” como tales.
  • (4) Los anarco-“libertarios” aprendieron economía, pero no suficiente como para saber que sin Gobierno limitado no hay capitalismo liberal; por eso capitalismo y anarquismo son inconciliables. Niegan ser “etiquetados” como de derecha, y es que difícilmente lo son.
  • (5) Los “libertarios” ateos beligerantes y anti-cristianos, aprendieron economía suficiente como para defender el capitalismo, pero nada de política o de filosofía; por eso no saben que Engels y Gramsci tenían razón, y sin familia ni religión tampoco hay capitalismo.

Estas cinco clases de “liberales” (¿?) jamás podrán acordarse en ningún Plan político, reforma o estrategia alguna, salvo dónde será la reunión para el siguiente round de pelea.

Suena duro, pero lo que conviene en muchos grupos liberales, es el divorcio político inmediato. Por dos razones: (1) Hondas diferencias filosóficas impiden los “acuerdos”. (2) Y son imposibles los acuerdos “políticos”, ya que la política solo a los liberales clásicos nos ocupa: los “neo” liberales la dejan a los social-demócratas; a los liberales “sociales” no les interesan reformas liberales sino “transparencia”; los anarquistas son anti-políticos por principio; y a los “neo” ateos no les interesa la política sino la religión, que quieren borrar de la faz de la tierra.

Para colmo todos estos choques y desencuentros se suceden en medio de un clima ferozmente partidofóbico y antipolítico, debido a la frustración de la gente con los partidos y la política, y a la ausencia de políticos liberales mostrando que el “Estado de Bienestar” es culpable de corrupción e ineficacia, no la democracia en sí misma, los partidos como tales, ni la política.

“Fusionismo”

Es la “fusión” de las dos corrientes de la derecha, pero a menudo antagónicas: conservatismo moral y político, con liberalismo económico. La derecha pierde cuando se escinde en dos campos separados y opuestos, conservador y liberal. La “fusión” explica los éxitos de Thatcher y Reagan en los ‘80. Ronald Reagan siguió la enseñanza de Barry Goldwater y lo hizo cuatro veces: primero para la Gobernación de California, en 1966 y 1970, y luego para la Presidencia de EE.UU., en 1980 y 1984.

  • (1) Mucha gente adhiere a los valores tradicionales de orden social, familia y trabajo duro, por lo general en un marco religioso. Pero se abraza al intervencionismo estatista, que cree esencial para la preservación de los principios que desea conservar, o restaurar. Aunque la realidad muestra que es todo lo contrario, su desconfianza hacia el libre mercado les lleva a asociarse con el mercantilismo de las oligarquías de la derecha antiliberal, o con los políticos “de centro”, con frecuencia aliados de la izquierda. Es una inconsistencia grave.
  • (2) Parte de las clases intelectuales y profesionales quiere “libre mercado” en economía. Pero en cuanto a principios y valores tradicionales, su posición es de indiferencia o de hostilidad, y apoya el aborto y el “suicidio asistido”, que es eutanasia disfrazada, el “matrimonio gay” y la “ideología de género”, banderas del homosexualismo político militante, la “Agenda LGBTI”. Esa actitud les une con la izquierda “progresista”, que es intervencionistas en la economía. Y les separa de la clase media conservadora. Es inconsistente también, porque Marx y Engels tenían razón, y el capitalismo está indisolublemente unido al Gobierno limitado, al matrimonio y la familia, y a los valores morales y religiosos.

“Al César lo que es del César”

Probablemente esta sea la más malinterpretada de las frases de Jesús, y de la Biblia entera. Y son muchas los textos bíblicos que se interpretan mal, en favor del socialismo y del estatismo, en sentido precisamente contrario a lo que las palabras dicen, tomando en consideración los contextos.

Esa declaración, en Marcos 12:17 y Lucas 20:25, sobre “dar al César” sus impuestos, es una de las bases bíblicas del sano y factible principio de la separación de “iglesia y estado”. Pero en la lectura más popular, fuera de contexto, se ve como separación de “política y religión”, algo imposible, porque para mal y/o para bien, ambas andan siempre unidas. Para mal, cuando la religión cristiana favorece la creciente expansión del Estado, si la frase sobre el César se interpreta de modo permisivo; para bien, cuando pone freno a esa expansión, si la misma se lee de manera restrictiva.

Mal entendido, el dicho sobre “lo que es del César”, sirve para justificar todo impuesto que se le ocurra decretar al Estado, y toda ley o decreto que se le ocurra dictar, no importa si justo o no; y la frase se hace una de las bases de toda forma de despotismo.

Creyentes y no creyentes deben admitir un hecho histórico: la religión bíblica, bien entendida, ha demostrado ser una valla muy eficaz ante el abuso del poder. Por eso, toda falsa religión quiere quitarle al poder los estrechos límites que Dios le ha dictado en Su Palabra.

El Reino de Dios es “para” este mundo

Siempre se cita “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36), como si el cristianismo fuese algo esotérico, parecido al ocultismo, y que “este mundo” es del César y para el César.

Sin embargo, el diálogo de Jesús con Pilato nos muestra que el “reino” es el Reino de Dios, por eso viene de Dios, y no procede “de” este mundo; pero no obstante sí es “para” este mundo. Solo así se puede entender la oración “Venga a nosotros tu Reino” (Mateo 6:10) enseguida “Hágase tu voluntad”, ¡no la del César!

Del César no es todo lo que reclame como suyo: toneladas de impuestos, monopolio en la emisión de dinero, y poder absoluto sobre los negocios, haciendas y familias, educación de niños y jóvenes, salud de los enfermos y cuidado de los desvalidos. Eso es “cesarismo”, o sea: estatismo.

¿Y qué es “lo del César”?

“Del César” es lo que Dios dice a lo largo de toda la Biblia que cabe al Gobierno Civil: solamente la defensa y seguridad, justicia pública, infraestructura física, y el derecho a ejercer el poder público y a cobrar impuestos limitados, sólo para el servicio de estos fines, y nada más.

Educación, cultura, arte, economía, banca, deporte, hospitales, y asistencia a los pobres son tareas voluntarias, actividades privadas que caben a las familias, a las empresas, a las iglesias; no al Estado. Así enseñaba la tradición cristiana hasta el s. XIX.

La expresión “lo que es del César” es restrictiva en su sentido real; por eso, lejos de hacer campo al estatismo, por siglos ha sido uno de los fundamentos del Gobierno limitado, en la línea de John Locke, “el Padre del Liberalismo Clásico”, y otros tratadistas cristianos anteriores y posteriores, tales como Henry Bracton y Tomás de Aquino, “el Primer Whig” en el siglo XIII, los poetas Dante Alighieri en el XIII también, John Milton en el XVII, el jurista William Blackstone en el XVIII, entre tantos otros.

Iglesias en América latina

Esa línea no es la del Papa Francisco, quien reemplazó a Chávez y a Castro, y al decaído Foro de Sao Paulo, en el liderato de la izquierda continental. Ni es la de unos 432 millones de personas que en los sondeos y encuestas se profesan “católicos” en América Latina. Casi todos también se declaran en contra del “capitalismo”, aunque no saben qué es eso, o si lo hay o no aquí en estas tierras, y dicen votar en consecuencia, por partidos de izquierda.

Un jovencito encuestado dijo: “Si el capitalismo es el fuego (imagen asociada al Infierno), el socialismo es el agua.” Y una señora: “El cristianismo manda ayudar a los pobres uno a uno; en cambio el socialismo ayuda a todos los pobres a la vez”. Y Chávez: “el socialismo es la parte práctica cuya teoría es el cristianismo”.

¿Y los evangélicos? Igual. En este y otros puntos no hay diferencias: la mayoría es de izquierda, o a lo menos fuertemente estatista. En los barrios pobres, hay sincretismo con cultos afroamericanos: ritos de “sanidades” de enfermos, y de “liberaciones” para supuestos endemoniados, que son similares a las ceremonias mágicas de la “santería” del Caribe, al Candomblé de Brasil, y a los “paleros” de Cuba y de Venezuela. La “sanidad” es atractiva para quienes no pueden pagar médico, así como la “Teología de la prosperidad” para los pobres, una promesa mágica de riqueza súbita.

Todo esto explica la creciente popularidad de estas experiencias “evangélicas”. Y el Papa actual aspira a frenar el éxodo de católicos al Neo pentecostalismo. Por eso quiere hacerse popular, y para eso toma el mismo camino de un rockero o de una estrella de cine: ¡hablar pestes del capitalismo! En América Latina esa es la fórmula infalible para ser aclamado por las multitudes.

Separar a los cristianos de la izquierda

Hay que separar de las filas socialistas a todos esos millones de cristianos, de todas las iglesias y denominaciones, que votan a la izquierda y traerlos al campo de la derecha liberal. El día que eso pase, se acabará aquí el socialismo y el estatismo.

¿Cómo? Explicando la Biblia y el catecismo de cada denominación, las enseñanzas básicas de la fe cristiana, a partir del Primer Mandamiento de la Ley de Dios: no adorar a dioses falsos, como el Estado. “El socialismo es la religión cuyo dios es el Estado”, según el socialista alemán Ferdinand Lassalle, basado en J. G. F. Hegel: “El Estado es Dios caminando por la tierra”.

El Gobierno Limitado, por siglos fue la política del cristianismo bíblico, como parte muy importante de la doctrina y del “Evangelio del Reino”, el reino de Dios.

“Primero el Reino de Dios y su Justicia”

“Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” dice Jesús en Mateo 6:33. ¿Cuáles “cosas”? En el contexto de la frase, están hablando de la comida, ropa, calzado, vivienda: bienes y servicios económicos.

En el Antiguo Testamento el orden político va “de primero”: es el Gobierno Limitado (de los Jueces), descrito con detalle en los cinco primeros libros, “Pentateuco”, en hebreo “Torah” (Ley) de Moisés, sobre todo Deuteronomio. Los otros 34 libros, “los profetas y los salmos”, son libros históricos y “sapienciales”, además de los proféticos, y van después. Esto da la idea de las prioridades. A esta prioridad alude Jesús, el Verbo encarnado, en su calidad de maestro bíblico.

Los 11 libros siguientes, de Éxodo a Nehemías, enseñan que si la nación se ajusta a este orden político, gubernativo y legal, tendrá paz, seguridad y prosperidad, pero no en caso contrario. En los libros de los profetas, los temas centrales son: para los individuos, la salvación; y para las naciones, la justa ley de Dios, con su sistema de Gobierno. El Reino de Dios se liga a la Ley de Dios.

Reino e Iglesia

El Reino de Dios es máxima prioridad. El Estado no puede ponerse por encima del Reino. Pero tampoco la Iglesia. Ni se identifica el Reino con la Iglesia, mucho menos con una “denominación” particular.

  • (1) “Venga a nosotros Tu Reino y hágase tu Voluntad en la tierra, así como en el cielo”, Mateo 6:10. ¿Qué significa? Que en la tierra se cumpla la Ley de Dios, el Supremo Gobernante del Universo, que se respeten sus principios, en las personas individuales y las familias, las iglesias, pero también las empresas, escuelas, y Gobiernos. El Reino de Dios incluye el orden social y político que Dios quiere para las naciones. ¿Y cuál es Su ley para los Gobiernos? Que se mantengan en sus límites.
  • (2) La Iglesia de Cristo es el conjunto de los redimidos, comprados por la sangre del Cordero (Hechos 17:11, I Corintios 6:20; I Pedro 18-21), sólo de Dios conocida. No debe ser confundida con un templo físico, ni con la congregación o iglesia local. Ni con un concilio o asociación de iglesias locales, sean de una misma región o país, sean de una misma “denominación”, que es como hoy se les dice a todos los “partidos religiosos” (así llamados en el siglo XIX), separados por diferentes opiniones teológicas.

Los cristianos estén separados por sus interpretaciones de la Escritura, sus Credos y teologías; lo cual es inevitable en este mundo. Pero puede y debe evitarse el “sectarismo”, la incomunicación por muros infranqueables, levantados con exceso de celo denominacional. Y está mal confundir la Iglesia con el Reino, y negarse los cristianos a cooperar para el trabajo del Reino en cada esfera social, entre ellos, y con otras gentes de buena voluntad, que Dios soberanamente escoja usar para esas labores.

Política y religión

¿Y por qué la política va de primero? Porque es de máxima prioridad un orden descentralizado, con gobernantes encargados solo de la defensa nacional y la seguridad personal, de juzgar crímenes con arreglo a las leyes, nada más. No para atropellar ni someter a las familias, ni los negocios, la educación o las iglesias, que son esferas privadas, autónomas e independientes. No para “tener señorío” sobre las gentes, como Jesucristo enseña en Mateo 20:25 y Lucas 22:25.

En este orden social, la propiedad privada es clave. Y la ayuda a los pobres no cabe a los Gobiernos sino a las personas, a las familias, y las iglesias. Tampoco es una limosna para salir del paso; es un préstamo de caridad (o sea: sin cobro de intereses), para que el pobre se rehabilite y no se quede en la pobreza. Así es hoy las sinagogas con los judíos pobres, por eso no hay judío (observante) pobre.

Sin embargo las iglesias cristianas hoy no lo ven así: no enseñan sobre el orden político que Dios quiere en las naciones. No le dan importancia; no lo buscan “de primero”. ¿Qué es lo que buscan de primero? Aparte los casos infamantes y vergonzosos, las iglesias buscan tener cuatro cosas para los cristianos: (1) familias sólidas y armoniosas; (2) empresas prósperas; (3) educación con valores; y (4) iglesias según el Nuevo Testamento.

No está mal. Pero todo eso es para darse “por añadidura”. El orden político no es indiferente, puesto que esas “cosas” no se pueden tener bajo el estatismo. Las iglesias desafortunadamente hacen como si Dios hubiera errado al dar primera prioridad al Reino, a su justicia y sus leyes.

La realidad, que es la “revelación general”, complementaria de la revelación especial (Biblia), le da a Dios la razón: bajo el estatismo, lo que tenemos es pobreza por doquier, gente afanada y ansiosa, y familias atribuladas y rotas. Tenemos educación estatista inculcando anti-valores a niños y jóvenes; e Iglesias pobres, y para colmo infiltradas por ideologías no cristianas, incapaces de cumplir con sus irrenunciables responsabilidades bíblicas, entre ellas las educativas y de ayuda a los pobres.

Las iglesias no son ahora “luz para el mundo”, porque están a oscuras; ni son “la sal de la tierra”, porque han perdido su potencial conservador. Dios quiera rectifiquen, y enseñen a las naciones “a guardar todas las cosas que yo os he enseñado” (Mateo 28:20): el “Evangelio del Reino” entero y completo, para tener un sistema de Gobierno limitado, inspirado en su Ley, y así todas “las demás cosas”, los bienes y servicios económicos, podamos tener “por añadidura”.

Dos prejuicios compartidos

Dos prejuicios lamentablemente extendidos y arraigados, son extrañamente compartidos por la mayoría de los ateos más anticristianos, y a la vez por los más devotos cristianos.

  • (1) La religión es irracional; la fe y la razón son mutuamente excluyentes. Partiendo de esta premisa común, los ateos más anticristianos escogen uno de los términos de la falsa dicotomía, y creen en “la razón”. Y los cristianos más fervientes escogen el otro, creen en “la fe”; pero ambos asumen que fe y razón son mutuamente excluyentes. Lo cual es falso, como mucha buena literatura cristiana explica exhaustivamente. Pero de esta falsa dicotomía se deriva otra:
  • (2) La política es racional, o al menos debería serlo; por eso en la política no hay lugar para la fe, ni para la religión, que debe cada quien guardarse para la vida privada, y en todo caso para sus Iglesias y familias. “Religión y política no se mezclan”. Otra vez los ateos más anticristianos escogen uno de los términos de la falsa dicotomía entre religión y política: la política. Y los cristianos más fervientes, pero por completo desinformados, escogen el otro: la antipolítica. Y es la opción menos mala: otra peor es la política de izquierdas, el socialismo “cristiano”, hoy fuerte otra vez, como en la segunda mitad del siglo XIX. Aunque hay alentadores signos de cambio, aún incipiente.

Vencer estos prejuicios no es fácil. Por eso “las Cinco Reformas” se enfocan prioritariamente en temas de Gobierno, economía, educación, atención médica y jubilaciones. Son los que interesan a la “mayoría silenciosa”, no a las minorías ruidosas. En otros temas, tales como aborto, drogas y uniones homosexuales, los liberales clásicos tenemos posiciones, generalmente en contra del aborto (y de la eutanasia); en contra de la “Guerra a la Droga” (el prohibicionismo); y a favor de las uniones privadas contractuales entre parejas de homosexuales adultos, aunque no de llamarles “matrimonio”. Y desde luego a favor del derecho a comprar y tener armas. Pero no son los temas de máxima prioridad.

Soplan vientos en dirección opuesta

Este 2016, hablo la mayoría silenciosa. En Inglaterra a favor del Brexit, la salida de la Unión Europea: el 23 de junio el pueblo derrotó al “Eurosocialismo”. A los tres días, Mariano Rajoy tuvo un igualmente ajustado triunfo en España sobre dos ramas de la izquierda: Podemos y el PSOE.

En octubre, las FARC perdieron su referéndum en Colombia; y las izquierdas sufrieron graves derrotas en elecciones municipales de Brasil y Chile, entre ellas en Rio de Janeiro, cuyo nuevo Alcalde, Marcelo Crivelli es un Pastor evangélico, líder del “Partido Republicano de Brasil” (PRB), creado hace 10 años. Andrew Chesnut enseña religión en Virginia Commonwealth University, y se especializa en América latina; en un reportaje a la AFP, que dio la vuelta al mundo, dijo que “La creciente influencia evangélica en la política es uno de los motores que empuja a la región hacia la derecha”. Y el 8 de noviembre, Hillary Clinton y su Partido Demócrata perdieron los comicios para Presidente y Congreso en EE.UU.

¿Ganó la derecha o perdió la izquierda? Ambas cosas. El segundo semestre de 2016 fue como el de 1989: una serie de explosiones políticas en Europa Oriental acabó con el comunismo tipo soviético; y en noviembre el clímax: derribo del Muro berlinés. Y siguieron las repercusiones en el resto del orbe.

El péndulo giró a la derecha, y en los ’90 tuvimos gobiernos de ese lado. Casi todos de alianzas entre las varias derechas, malas, buenas y regulares; y las malas en muchos casos prevalecieron, por eso los resultados fueron exitosos sólo en parte. Y por eso, ya en el nuevo siglo, en torno al 2000, hubo un giro a la izquierda, del cual ahora comenzamos a salir.

Derecha liberal y derechas estatistas

Ahora las derechas ganamos batallas electorales a las izquierdas, con las cuales tenemos la “contradicción principal”, como diría Mao. Y en el campo de las derechas, los liberales tenemos “contradicciones secundarias”, diría el mismo Mao, con otras variantes, a las cuales debemos ganar ciertas batallas ideológicas, para librar a la derecha de contradicciones insalvables:

  • (1) Entre cristianos, los más numerosos, explicamos a todas las denominaciones que defendemos la vida y la familia, y por eso adversamos a los socialismos y estatismos destructivos de la economía privada, que lesionan a la vida y la familia. Y explicamos la interpretación de la Biblia, y el uso de la razón, tras tantos años de Teología “liberacionista” entre los católicos, y de afectado “pietismo” irracional entre los evangélicos.
  • (2) A los nacionalistas, decimos que el falso “proteccionismo” no protege ni fortalece a la economía nacional, sino que la debilita; que la guerra es un crimen, salvo casos excepcionales; que la xenofobia no sirve, porque la inmigración sana ha bendecido a muchas naciones, y para las excepciones indeseables se puede legislar con sabiduría y justicia.
  • (3) A los conservadores llamamos a confiar en la privatización educativa, porque la gente de trabajo y de familia no necesita al Estado para imponer por la fuerza las sanas enseñanzas, como lo necesita la “minoría ruidosa” para sus perversas doctrinas.
  • (4) A los regionalistas hablamos no de secesión sino de “3 federalismos”; y en las ciudades, de “8 propuestas municipales”. Ver documentos.

Lo más importante: a los más pobres proponemos tres reformas sociales con bonos, en educación, atención médica y jubilaciones, hasta que dejen de ser pobres. ¿Y cómo van a salir de la pobreza? Simple: participando en la creación de riqueza, con las reformas políticas (No. 1), y del dinero, los impuestos y la economía (No. 2). De la pobreza se sale con la riqueza; del socialismo se sale con el capitalismo; y de la izquierda, por la derecha. Pero ¡la derecha anda torcida! Entonces los liberales clásicos tenemos por delante la ardua tarea de enderezarla. ¿Quién si no?

¿Hacemos partidos nuevos, o entramos en alguno de los viejos?

El “entrismo” fue una táctica usada por las izquierdas; pero no exclusivamente. En muchos países, además de crear sus partidos, “entraron” en otros, para infiltrar sigilosamente sus ideas y políticas públicas y proyectos de ley.

Todos los partidos, nuevos y viejos, se hicieron de izquierda, o centro-izquierda. Ya no quedaron partidos de derechas; entonces las izquierdas identificaron a los “menos progresistas”, más moderados en pensamiento colectivista, y les acusaron de ser “la derecha”.

¡Qué buenas tácticas! Tenemos mucho que aprender: además de crear partidos liberales clásicos, tal vez podemos “entrar” en partidos de otras tendencias para infiltrar nuestras ideas y propuestas para des-legislación y política pública. ¿Por qué no?

¿De dónde sacamos el dinero?

Hay dos maneras:

  • (1) Crear empresas para producir dinero, a la manera capitalista, como lo hacen partidos de la derecha liberal en los “cuatro tigres” de Asia: Hong Kong, Taiwan, Singapur y SurCorea. Los partidos son propietarios de empresas productivas con las cuales se auto-financian privadamente, y de forma transparente y honesta: la gente sabe cuáles empresas pertenecen a cuáles partidos.
  • (2) “Fund-rising”, identificando a potenciales donadores, y levantando fondos procedentes de particulares que crean y se identifiquen con nuestro Proyecto.

La experiencia de muchos años muestra que la primera manera no funciona en América latina, por una simple y sencilla razón: nuestras economías no son capitalistas; las empresas no son tan productivas, ni es tan fácil hacer buenos negocios como en los “cuatro tigres”. ¡Por eso somos liberales! Si dentro de este sistema fuese fácil hacer dinero con empresas competitivas, ¿qué tendríamos que objetar al sistema? ¡Seríamos entusiastas partidarios del sistema!

Debe ser de la segunda forma. Pero no es “primero levantar dinero, y después hacer política”. No; algo hay que hacer mientras se procura el dinero, en paralelo. Por otra simple razón: nadie da un céntimo si no puede ver algo andando, presente en los medios, en la calle, en las instituciones, o al menos en redes sociales.

Tácticas exclusivamente defensivas

En el fútbol, los jugadores se distribuyen: los delanteros atacan; los del medio campo, según el caso atacan o defienden; y los defensores atajan los pelotazos, como hace el portero en última instancia. ¿Y si se concentran todos atrás, y nadie ataca? Pierden el juego.

Así los liberales: criticamos a los socialistas y sus medidas puntuales de Gobierno, o al socialismo como sistema y sus políticas, lo cual es mucho mejor; pero siempre atajando pelotazos, en la defensa, como respuesta a la ofensiva de ellos. Poco vamos a la media cancha, a rehabilitar moral y legalmente el capitalismo. Y casi nunca adelante, mirando ya no al corto plazo sino más allá: señalando al público la vía específica y los pasos concretos para el cambio de sistema, y el camino al capitalismo.

Errores fatales para corregir

Hemos cometido los liberales tres errores garrafales:

(1) Creer que el socialismo es un problema de ignorancia, como creen muchos brillantes economistas.

Si es sólo un error intelectual, lo que cabe es “demostrar a los socialistas que están equivocados”. Friedrich Hayek, Premio Nobel 1974, buen hijo de la Ilustración, creía en la bondad intrínseca del ser humano, y que el mal sólo se puede hacer por inconciencia. Aconsejó así a Sir Anthony Fisher para no postular al Parlamento, y dedicarse al trabajo académico, enseñando los errores del socialismo… como si eso no se pudiese hacer mucho mejor desde una banca en el Congreso, que es una tribuna pública. ¿Y enseñar a quiénes? A los socialistas pues, a los que dedicó “Camino hacia la servidumbre” (1944), uno de sus mejores libros, creyendo que lo iban a leer y a convertirse.

No resultó: los sólidos argumentos que los economistas predican contra el socialismo desde sus torres de marfil académicas no son entendidos o conocidos por el público, y son rechazados e ignorados por las izquierdas. Y es que las teorías socialistas son falaces, cierto, pero son apenas el pretexto de sus jefes para hacerse con el poder absoluto, y así vivir regiamente sin trabajar, y además controlando y adoctrinando a la gente. Más que un error, el socialismo es una estafa masiva, groseramente inmoral: nos empobrecen para esclavizarnos; y no por ignorancia, sino por un propósito deliberado y perverso.

(2) Creer que el Estado es el problema, no el estatismo.

Es como confundir la hepatitis con el hígado. En los ’60 y ’70, cada vez más Gobiernos y países caían en las garras del comunismo; y otro Profesor de Economía se puso a hablar de política: Murray Rothbard. Y sus seguidores satanizaron al Estado, a los partidos, las elecciones, la democracia, etc. En vez de estudiar la política, y ver cómo podría servir para tener Gobierno limitado, “Rule of Law” y justicia independiente, al estilo de los liberales clásicos, Rothbard adhirió al lunático anarquismo del socialista alemán Franz Oppenheimer.

Los liberales se habían hecho apolíticos con Hayek; y con Rothbard pasaron a “libertarios”: se hicieron anti-políticos. Negados al ataque en el área parlamentaria, ya estaban en la media cancha, y se fueron más atrás. Las izquierdas celebrarían mucho este segundo gol en contra.

(3) Creer que el problema es la religión, o buena parte, y en particular el cristianismo.

La señora Ayn Rand hizo justa crítica a Rothbard, y fue mucho más aguda. Ella vio que el problema no es de ciencia económica sino de ética. Y detectó en el socialismo el “misticismo”, una irracionalidad a la cual mucho cristiano desorientado adhiere, y supo del voto religioso por la izquierda. Pero en vez de estudiar a fondo la Biblia y la historia de las Iglesias, para separar el cristianismo místico del real y verdadero, orientar así a los cristianos y sacarlos del socialismo, satanizó la religión, y atacó al cristianismo.

¿Cuál es su mensaje? ¿Qué debes ser ateo para ser pro-capitalismo? Así lo puso la izquierda, sobre todo la religiosa, y lo hizo saber a los cuatro vientos, festejando alborozada este otro autogol. El Sr. Rothbard escribió que Rand hizo una “secta”; y en eso tuvo razón. Muchos libertarios anti-políticos se hicieron randistas anti-cristianos. Fue como si los 11 futbolistas se encerrasen en el área chica de atrás, o dentro del arco. Y parecen jugar en contra, agrediendo a los cristianos, y a los políticos liberales, sean o no cristianos.

Ahora los “libertarios” adoptan casi todos los “leading issues” del marxismo cultural, p. ej. aborto y “matrimonio gay”, tomados de la izquierda del siglo XXI, que ya logró imponer sus metas en economía, y por ello ya no pueden estar en el tope de su Agenda, como en el siglo XX pasado; y además aprendió a cohabitar con el mercantilismo.

Otras consignas libertarias sí son liberales clásicas, por ej. libertades personales en drogas y armas, pero no como “top issues” o puntos principales.

Más que “ideas de la libertad” (desafortunada expresión), las liberales clásicas son las de “Gobierno fuerte, pero con límites” (expresión de Mises), lucha contra las leyes malas, y reformas de fondo en áreas claves, para abrir camino al capitalismo liberal, en la senda política: son las únicas alternativas civilizadas y cristianas a la barbarie.

(4) En el “planeta cristiano”, por su parte, hubo errores imperdonables.

Dejarse arrastrar por las ideas y cultura marxistas fue sólo el primero. Otros: confundir las iglesias particulares con la Iglesia de Cristo, y con el Reino de Dios; dejarse arrastrar por el sectarismo faccioso, y negarse a cooperar por encima de las fortalezas denominacionalistas, y con gentes de “la mayoría silenciosa”, sólo porque no son cristianos profesantes, o porque no profesan en nuestra misma denominación.

Y ahora, el trágico error de cerrarse a la acción restauradora en la cultura, leyes e instituciones, los Gobiernos y la política. La cual requiere previamente comprensión y sabiduría acerca de esas esferas: buen entendimiento a la luz de la razón natural, de las lecciones aportadas por la evidencia histórica y disciplinas científicas especializadas, y de las enseñanzas de la Escritura, “inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (II Timoteo 3:16-17)

Pero poco a poco sumamos a los cristianos que hasta ahora dieron la victoria al socialismo, por acción, militando en la izquierda, o por omisión, creyendo como gran parte de la clase media frustrada y los “libertarios”: que “la política es sucia”.

Nuestras tácticas

  • (1) No abandonamos el imprescindible juego defensivo; seguimos “retrucando” al socialismo, pero más con hechos y simples razones morales, que con sofisticados argumentos de la Economía.
  • (2) Y pasamos a la media cancha política, reivindicando el capitalismo liberal como único sistema ético, viable, idóneo y eficiente de hacer riqueza para todos. Como necesarios pasos iniciales, promovemos partidos y congresistas liberales, para derogar las leyes malas. Y reivindicamos las “leyes viejas”, las buenas, las del capitalismo liberal.
  • (3) También reivindicamos y honramos las palabras injustamente estigmatizadas por las izquierdas: liberalismo, privatización, desregulación, “la derecha”, etc. ¿Para qué? Para quitarles el estigma, que es el veneno en la punta de las flechas, evitando que esas palabras, que nos arrojan de todos modos, conserven su capacidad letal. No nos anulan, porque ya no son causa de vergüenza para nosotros sino de legítimo orgullo. Vamos por el capitalismo, sí, por eso somos “de derechas”, y lo decimos sin miedo. ¡Vergüenza que tengan ellos por ser socialistas parásitos de izquierda, y atreverse a decirlo!
  • (4) Así también avanzamos adelante: por primera vez en muchos años y años, los liberales clásicos hacemos juego ofensivo con las Cinco Reformas: política, economía, educación, salud y jubilaciones. Cinco potentes disparos al arco enemigo. ¡Que atajen ellos ahora!

Eso sí: miramos al mediano plazo; lo del fútbol es una metáfora: la política no dura sólo 90 minutos. Pero con el inmediatismo y el cortoplacismo nos llenaron de goles, así que ya era hora de cambiar el plan de juego.
Por fin.

En resumen:

  • Este documento ha tratado los siguientes puntos:
    • Por más de 100 años los marxistas hicieron un trabajo muy malo y destructivo. Pero tuvieron éxito en sus aviesos propósitos: aplicaron y siguen aplicando sus perversas políticas, a pesar de todo.
    • Se trazaron objetivos y metas a mediano y largo plazo. Nos aplicaron primero el marxismo económico; y ahora nos aplican el marxismo cultural. Por eso estamos como estamos.
    • Pero fueron exitosos, porque avanzaron todas sus políticas destructivas a través de sus leyes malas, en cada país del mundo, empleando para ese fin una serie de estrategias y tácticas muy buenas, eficaces y eficientes.
    • Nuestras políticas son buenas y constructivas. Son de restauración y “restitución”, para “devolver” a la sociedad las funciones, los poderes y los recursos que nos fueron quitados, y que por naturaleza nos corresponde a los privados, a los particulares; no al Estado y sus gobiernos.
    • Pero primero es imprescindible “derribar las fortalezas” (II Corintios 10:3-5), y esa es una labor destructiva: socavar las fortalezas mentales, primero “desaprendiendo” todo aquello que es falso y equivocado, y luego aprendiendo lo que es real y verdadero. Para después derribar las fortalezas legales e institucionales, en un segundo momento. No es fácil. Se requiere voluntad, determinación, coraje. Y realismo, en dosis abundantes.
    • Y se requieren, además, buenas estrategias y tácticas, eficaces y eficientes. ¿Acaso algunas de las estrategias y tácticas que los marxistas han aplicado, con visible éxito, y que les han llevado a la victoria, podrían servirnos? Los del Centro de Liberalismo Clásico y el Foro Liberal de América Latina pensamos que sí. Además de coraje y realismo, se necesita inteligencia.

Centro de Liberalismo Clásico
Foro Liberal de América Latina
Diciembre de 2016