'Al César lo que es del César'

Pisando callos Miércoles,  10  de Diciembre, 2014

Probablemente esta sea la más malinterpretada de muchas frases de Jesús y de la Biblia. Esa declaración (Marcos 12:17 y Lucas 20:25) sobre el pago de impuestos, es una de los bases bíblicas de la separación de Iglesia y Estado, principio sano y factible. Pero en la interpretación usual, fuera de contexto, se entiende como separación de política y religión, algo imposible, porque para mal y/o para bien ambas andan siempre unidas y que tampoco es deseable, porque la falsa religión quiere quitarle al poder los límites que Dios ha dictado.

Así el dicho sirve para justificar todo impuesto que se le ocurra decretar “al César” y todo decreto suyo, no importa si justo o no; la frase se hace una de las bases de toda forma de despotismo, p. e. socialismo. En este sentido errado, siempre se cita junto a “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36), dando así a entender que el cristianismo es de “otro mundo”, algo esotérico, parecido al ocultismo, y “este mundo” le pertenece al César.

Pero un somero análisis del diálogo de Jesús con Pilato nos muestra que el “reino” es el Reino de Dios, por eso viene de Dios y no es “de” este mundo, pero es “para” este mundo. Solo así se entiende la oración “Venga a nosotros tu Reino” (Mateo 6:10)  enseguida “Hágase tu voluntad”, ¡no la voluntad del César!

“Al César lo que es del César” suscita la pregunta lógica ¿Y qué es “lo del César”? Obviamente no es todo lo que al César se le ocurra reclamar como suyo: toneladas de impuestos y poder absoluto con potestades sin límites sobre negocios y familias, educación de niños y jóvenes, la salud de los enfermos y el cuidado de los desvalidos. Así es en el “cesarismo”, o sea: estatismo. Bien entendido, “del César” es lo que Dios dice a lo largo de toda la Biblia que cabe al Gobierno Civil: solamente la defensa y seguridad, justicia pública, algunas obras de infraestructura, el derecho a ejercer el poder y cobrar impuestos limitados para el servicio de estos fines, y nada más. Educación, hospitales y asistencia a los pobres son tareas voluntarias, que caben a la Iglesia, no al Estado; así lo enseñaba la tradición cristiana hasta el s. XIX.

Interpretada correctamente, el sentido de la expresión “lo que es del César” es restrictivo, limitativo; por eso, lejos de abonar terreno al estatismo, por siglos ha sido uno de los fundamentos del Liberalismo Clásico, en la línea de John Locke, y de otros tratadistas cristianos anteriores y posteriores, como Henry Bracton y William Blackstone.

Obviamente esa línea no es la del papa Francisco. Ni la de unos 432 millones de personas que en los sondeos y encuestas se declaran “católicos” en América Latina: 73% de nuestra población. Compare: en el mundo hay 1.100 millones de católico romanos: 16% de la población. O sea: un 39% de todos los católicos del mundo son de aquí de Latam, casi 4 de cada 10. Los países “más católicos” del globo son Brasil con 133 millones y México con 96 millones; entre ambos suman el 21% de los católicos del planeta. Compare: en Italia hay 55 millones, en Francia 47 y en España 40. Obviamente: Latinoamérica es el bastión del catolicismo romano. En las encuestas, casi todos los católicos se declaran en contra del “capitalismo”, aunque no saben qué es eso o si lo hay o no lo hay en estas tierras y declaran votar en consecuencia: por partidos de izquierda.

Un joven encuestado dijo una vez: “Si el capitalismo es el fuego (imagen asociada al Infierno) entonces el socialismo es el agua.” Y una señora: “El cristianismo manda ayudar a los pobres uno a uno; el socialismo ayuda a todos los pobres a la vez”. Y decía Chávez que “el socialismo es la parte práctica cuya teoría es el cristianismo”. Obviamente, la “Teología de la Liberación” es la teología oficial en esta parte del mundo.

¿Y los evangélicos? Igual. En este y otros puntos no hay diferencias: la mayoría es de izquierda, salvo una minoría que es muy estatista pero no netamente socialista y se mete en la política buscando el poder para sus líderes. Pero estos “evangélicos” no son protestantes, son Neo-pentecostales. Sobre todo en barrios pobres, hay sincretismo con cultos afroamericanos: ritos de “sanidades” de enfermos y “liberaciones” de endemoniados que son similares a las ceremonias mágicas de la “santería” del Caribe, al Candomblé del Brasil y a los “paleros” de Cuba y Venezuela, ahora también de EEUU, país al cual estamos exportando socialismo y otras supersticiones, como igualmente a España. Ya se sabe que el “Posmodernismo” no es un avance civilizador sino un retroceso. Y la “sanidad” es atractiva para quienes no pueden pagar médico, así como la “Teología de la prosperidad”, una promesa mágica de riqueza súbita. Todo esto explica la creciente popularidad de estas experiencias “evangélicas”. Cada año, medio millón de católicos brasileños cambian su religión. En México, los católicos son ahora el 88%, casi 10% menos que a mediados del siglo XX. En Colombia, solo 2 de cada 3 entrevistados se dicen católicos ahora y en los ’50, cuatro de cada cinco. En Guatemala, casi un tercio de la gente ya dejó el catolicismo y se hizo evangélica. ¿Y el papa Francisco? Su propósito es frenar el éxodo de católicos al Neo pentecostalismo aquí. Quiere hacerse popular para vender su producto, como un rockero o una estrella de cine y toma el mismo camino a la popularidad en todas partes: ¡hablar pestes del capitalismo! En América Latina la fórmula es infalible.

Por eso, la fórmula para tener capitalismo liberal aquí es esta: hay que separar de las filas socialistas a todos esos millones de cristianos, de diversas variantes, que votan a la izquierda y traerlos al campo de la derecha liberal. El día que eso pase y solo cuando eso pase, se acabaron aquí el socialismo, el populismo y toda forma de estatismo. ¿Y cómo se hace esto? Simple: se explica el catecismo, o sea las enseñanzas básicas de la fe cristiana, pero la de verdad, incluso la que por siglos fue la doctrina política del cristianismo bíblico, y muy resaltada por el Protestantismo: el Gobierno Limitado.