¿Tenemos mensaje de los liberales?

Pisando callos
Miércoles,  12  de Noviembre, 2014

Los liberales clásicos tenemos el mensaje de la Libertad, la más noble y preciosa oferta política de la historia humana. Pero debemos comenzar por una autocrítica, y admitir un fracaso: hasta ahora, ese mensaje no le ha llegado a la gente. ¿Por qué? Por varias razones.

1) La primera razón es porque hemos perdido demasiado tiempo criticando las políticas y medidas mercantilistas, socialistas y estatistas de toda laya, y a sus personeros circunstanciales -o en todo caso proponiendo medidas aisladas- en lugar de concretar nuestra oferta en una propuesta política propia, novedosa y a la vez factible, creíble, atractiva y seductora. Hemos fallado en traducir nuestros principios de libertades individuales y gobierno limitado, desde el plano filosófico, hasta el plano de la práctica política y electoral.

2) La segunda razón es causa de la primera: nos falta una oferta política, porque no tenemos proyecto político. Nuestro proyecto implícito ha sido la “conversión” a las ideas liberales de los estatistas al mando, a quienes siempre aplaudimos tan pronto creemos que “se convirtieron”, para desdecirnos tan pronto nos desilusionan. Así de este modo no buscamos que nuestro mensaje sea asimilado y apoyado por la gente común, comenzando por la clase social a que pertenecemos buen número: la burguesía, término que los marxistas han expropiado y tergiversado, y no hemos reivindicado, prefiriendo hablar de “clase media”. Tampoco reivindicamos la palabra “capitalismo”, a la que le tememos, en lugar de explicarla, y sus diferencias con el mercantilismo y con el “neo” liberalismo.

Y ni hablar del concepto “derecha”, porque nos horroriza ser reconocidos como derecha liberal, la que defiende la libertad -no la derecha mercantilista, la que defiende sus privilegios- y conservadora de ciertos principios y valores. Preferimos hablar de “centro”, o rehuir la definición; así de esta manera ayudamos a legitimar el socialismo, reconociendo tácitamente que nos parece repelente la derecha, y probando que sigue siendo seductora y engañosa la izquierda, pese a todos sus mentiras y crímenes en más de 200 años desde la Revolución Francesa de 1789: sangrientas revoluciones, guerras atroces y no menos crueles e interminables dictaduras –comunistas, nacional-socialistas, internacionalistas, “populares” etc.- en cinco continentes.

No entendimos que los mercantilistas, socialistas y demás estatistas no se van a “convencer” con argumentos, por válidos que sean, para apoyar un sistema que les despojará de la enorme colección de privilegios y prebendas de que hoy gozan legalmente, a costa nuestra. Es cuestión de comodidades y ventajas exclusivas; no es que “no saben economía”. No saben, ¡porque no les interesa!

No es a los beneficiarios del sistema, sino a sus víctimas, a quienes tenemos que pasar el mensaje primero: a la clase urbana y burguesa, que paga el grueso de los cuantiosos impuestos, y que más oportunidades pierde por la falta de libertades. Y de allí retransmitir ese mensaje a los sectores populares, de la ciudad y del campo, mostrando sus ventajas inmediatas para todos, excepto para los explotadores. Sí, esa es la palabra: explotadores. Y usurpadores.

Por eso no hemos podido describirle a la gente, con claridad y en términos específicos, cómo sería el futuro sistema liberal que proponemos, comparado con el social-mercantilismo que padecemos, ni hemos señalado cómo se llega y cuál es el camino: los pasos para lograr la sustitución. No le mostramos la Hoja de Ruta: “Estamos en el punto A; queremos llegar al punto X”; ni su Carta de Navegación: “La vía pasa por tales y tales estaciones intermedias: B, C, D, E”.

3) La tercera razón: en lugar de hacer la tarea, nos enfrascamos los liberales en interminables discusiones sobre si son más o menos liberales tales o cuales personajes, o estas u otras medidas puntuales o políticas, o tales o cuales teorías sociales o económicas. Y lo peor: sobre el anarquismo y el ateísmo, dos puntos que interesan a muy pocas personas, y a otras muchas les espantan sin necesidad. Anarquismo y ateísmo no son propios de una política liberal, porque liberalismo clásico no es anarquismo sino gobierno limitado, y porque una de las vertientes ideológicas que sustentan la fórmula, procede de la herencia judeo-cristiana y el cristianismo histórico de Occidente.

La propuesta debe centrarse en medidas de política pública, y sus ventajas, cualesquiera sean nuestras consideraciones y convicciones sobre religión, aunque sabiendo que los cristianos deben estar de nuestro lado, no del contrario, como ahora. Para eso los del Centro de Liberalismo Clásico hemos trazado una estrategia incluyente, “fusionista” de elementos libertarios e individualistas, y conservadores en el sentido de Thatcher y Reagan, de conservar libertades, no privilegios. Afincados en nuestras propias raíces libertarias hispánicas, en esa que Rafael Termes nombró como “La tradición hispana de libertad”, aludiendo a los fueros históricos de la Península, a la Escuela de Salamanca, y a la Constitución de 1812.

4) Por fin: sin proyecto ni oferta viable, no tenemos propaganda efectiva. No comunicamos con eficacia el mensaje a los interesados: en la frase apelativa, corta pero densa en significado, en la consigna breve para la pancarta, la pintada o el minuto de radio; o para la televisión, en la imagen, ilustración o figura gráfica llamativa, contundente y motivadora.

Si te interesa saber más sobre el tema, puedes buscar en internet el “Manifiesto Liberal” del Centro de Liberalismo Clásico.