'Primero el Reino de Dios'

Pisando callos Miércoles,  3  de Diciembre, 2014

Todos los años, el cuarto jueves de cada noviembre se celebra en EEUU el Día de Acción de Gracias, con tremenda comida. ¿Qué festejan? ¡La salvación del socialismo!

Los “Peregrinos del Mayflower” comenzaron con mal pie su vida en América, nos cuenta William Bradford, el segundo gobernador, en su libro “En la Plantación Plymouth”. Los “puritanos” llegados en 1620 fueron al principio víctimas de la falsa creencia de que la Biblia predicaba la comunidad de bienes. Así se pasaron dos años sin propiedad privada, con “tierras comunales”, hambre y frío, cosechas pobres y nada de comer. Pero en 1623 cambiaron de sistema y comieron hasta saciarse, dieron gracias a Dios por primera vez. ¿Cuál fue el cambio? Que entendieron correctamente sus Biblias.

En el Evangelio de Mateo, al final del capítulo 6, Jesús explica que lo malo no es la riqueza sino el afán por la riqueza. Riqueza es lo que sirve para vivir: para comer, beber, vestirse, calzarse y abrigarse; nada hay de malo en estas cosas, todas son buenas. Lo malo es el afán por la riqueza, vivir para lo material en lugar de tener lo material para vivir. Pero eso le puede pasar a un rico tanto como a un pobre que vive afanoso; y de hecho le pasa a la gente pobre: vive atribulada, por eso es malo ser pobre. ¿Qué hacer entonces? Jesús concluye así: buscar “primero el Reino de Dios y su justicia”, y serán “añadidas todas estas cosas”; ¿cuáles cosas? Pues comida, bebida, ropa y calzado, vivienda, etc.

Esta frase de Jesús, como muchas otras suyas y de la Biblia en general, se interpretan exactamente al revés de lo que dicen: como que “el Reino de Dios” es algo místico, no de este mundo. Porque Jesús dijo que “Mi Reino no es de este mundo” (Juan 18:36). Lo que Jesús dijo a Pilato fue que su Reino no venía de este mundo sino de los alto; pero es ¡para este mundo! Y Pablo dijo que el Reino de Dios “no tiene que ver con comida ni bebida” (Romanos 14:17), pero hablaba ¡de comida kosher!

Los colonos del Mayflower entendieron por fin qué es el “Reino de Dios”. Es la sujeción a la voluntad del Padre para el hombre, tanto en el plano individual, como en lo social y político. ¿Y cuál es esa voluntad? Pues en lo individual, la salvación; y eso es “por gracia y mediante la fe” (Efesios 2:8). Pero el “Reino de Dios” también es un orden político, para las naciones, a fin de que la gente pueda “vivir en paz y de forma sosegada” (I Timoteo 2:2), sin afanes y ansiedades. Por eso hay que “buscar primero”.

En el Antiguo Testamento este orden político va “de primero”: es el Gobierno Limitado (de los Jueces), descrito con detalle en los cinco primeros libros, “Pentateuco”, en hebreo “Torah” (Ley), Cinco Libros de Moisés. Los otros 34 libros, “los profetas y los salmos”, son libros históricos y “sapienciales” además de proféticos y van después. Esto nos da la idea de las prioridades. De hecho los 11 libros siguientes, de Éxodo a Nehemías, enseñan que si la nación se ajusta a este orden político tendrá paz y seguridad y prosperidad, pero no en caso contrario. Luego, en los libros de los profetas, hay dos temas centrales: para los individuos, la salvación; y para las naciones, la justa ley de Dios, con su sistema perfecto de Gobierno. O sea: el Reino de Dios.

¿Y por qué el régimen político va de primero? Porque es de máxima prioridad un orden descentralizado, con gobernantes encargados solo de la defensa nacional y la seguridad personal, de juzgar crímenes con arreglo a las leyes, nada más. No para atropellar ni someter a las familias, como en el estatismo, ni a los negocios, a la educación o las iglesias, que son esferas privadas, autónomas e independientes. No para “tener señorío” sobre las gentes, como Jesús dice en Mateo 20:25 y Lucas 22:25.

En este orden social, la propiedad privada es clave. Y la ayuda a los pobres no cabe a los Gobiernos sino a las personas, a las familias, y las iglesias. Tampoco es una limosna para salir del paso; es un préstamo de caridad (o sea: sin cobro de intereses), para que el pobre se rehabilite y no se quede en la pobreza. Así lo hacen hoy las sinagogas con los judíos pobres, por eso no hay judío (observante) pobre.

Las iglesias hoy no lo ven así. No enseñan sobre el orden político que Dios quiere en las naciones. No le dan importancia; no lo buscan “de primero”. ¿Qué buscan de primero? Si vemos sus enseñanzas, cuatro cosas para los cristianos: (1) familias sólidas y armoniosas; (2) empresas prósperas; (3) educación con valores; y (4) iglesias según el Nuevo Testamento. ¿Y eso está mal? No. Pero todo eso es para darse “por añadidura”. Está mal creer que el orden político es indiferente y que esos objetivos se pueden tener bajo el estatismo. No es lo que dice la Biblia. Las iglesias hacen como si Dios se hubiera equivocado al dar primera prioridad al Reino, a su justicia y sus leyes; y a ponerlo así en su Revelación escrita.

Pero Dios está en lo cierto y las iglesias se equivocan. La realidad, que bien leída es la “revelación general”, complemento de la especial, le da a Dios toda la razón: bajo el estatismo, lo que tenemos es pobreza por doquier, gente afanada y ansiosa, en consecuencia familias atribuladas y rotas, educación estatista inculcando anti-valores a niños y jóvenes e Iglesias pobres infiltradas por filosofías paganas de toda clase, e incapacitadas para cumplir sus responsabilidades sociales. No pueden ser “luz para el mundo” si están a oscuras. Quiera Dios que las iglesias rectifiquen, como la de Plymouth y busquen de primero el Reino de Dios para que lo podamos tener y todas las demás cosas “por añadidura”.